Translate

miércoles, 13 de marzo de 2013

Un compañero fuerte y leal

Rakhsh era el corcel más adecuado para un héroe, y su relación con el poderoso Rustam vino determinada por el destino. Juntos vivirían numerosas y peligrosas aventuras, al mismo tiempo que también encontrarían también la muerte de forma prematura.

Al igual que había ocurrido con anterioridad, cuando su padre Zal vino al mundo, el naci­miento de Rustam fue problemático. Temeroso de que Rudabeh, su esposa, pudiera morir en el parto, Zal acudió a Simurgh, que había prometido ayudarlo siempre que lo necesitara. Tras ver el dolor de Rudabeh, la gran ave aconsejó que se realizara una cesárea y ofreció una de sus curativas alas para aliviar la herida. Rustam se convirtió en un chico fuerte y robusto, y se decía que con sólo un día de vida tenía el tamaño de un niño de un año. Al poco tiempo de entrar en la madurez, fue lo bastante poderoso como para enfrentarse y matar a un elefante con su maza con cabeza de toro. Había llegado el momento de enfrentarse al mundo.
Cuando se embarcó por primera vez en una aventura como guerrero, decidió buscar un corcel que fuera lo suficiente­mente fuerte como para soportar su enorme peso, y lo bastante valiente como para enfrentarse a cualquier peligro. Para compro­bar dichas cualidades, había ideado una prueba: presionaría con su palma el lomo del corcel y entonces vería si su panza se comba­ba o no hasta el suelo. Después de recorrer Irán en busca del can­didato adecuado, ninguno de los animales examinados superó la prueba, por lo que fue en la vecina región de Turan donde por fin halló lo que estaba buscando. Allí se encontró con una extraña y alta yegua zaina a la que seguía un potro de dos años de un color similar con manchas rojizas. Le gustó el aspecto del joven ani­mal, pero cuando expre­só su interés al comercian­te, éste le advirtió que no debía codiciar la montura de otro hombre. Rustam le preguntó quién era el pro­pietario y el comerciante le contes­tó que nadie lo sabía, pero que siem­pre se le había conocido con el nombre de Rakhsh de Rustam.
El héroe advirtió que había encontrado el corcel que le estaba predestinado. Su elección quedó confirmada cuan­do, al presionar el lomo del caballo, éste permaneció firme como el acero. Al saber el nombre de su cliente, el comerciante no aceptó el dinero, pues, según él, el caballo era más valioso que todo Irán, y añadió que si de verdad era Rustam, la única forma de pagar el caballo era librando al país de los enemigos que lo acosaban e instaurando la justicia en el mundo. Rakhsh se convirtió en el leal compañero de su dueño durante un sin­fín de aventuras, hasta que ambos encontraron la muerte jun­tos a manos de un hermanastro de Rustam.

0.084.4 anonimo (persia)

No hay comentarios:

Publicar un comentario