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viernes, 1 de marzo de 2013

Una abundante cosecha

Varios poemas narran el viaje o la procesión de un dios en una barcaza. Puede que estén relacionados con los rituales en los que las estatuas de los dioses se llevaban en solemne procesión desde sus hogares a un lugar de peregrinación donde eran objeto de culto.

En primavera, una barcaza que transportaba la pri­mera remesa del año de la producción lechera par­tía de la ciudad de Ur. En Nippur, los dioses eran intercambiados por productos elaborados por los pastores del sur de los alrededores de Ur y por los de los culti­vadores del norte de los alrededores de Nippur.
El protector de Ur era el dios de la luna, Nanna (conoci­do también como Suen o Sin). Según una versión mítica de este ritual, Nannu decidió visitar a sus padres Enlil y Ninlil en Nippur. Para ello, envió a sus hombres a todos los rincones de la Tierra con el fin de que reunieran materiales con los que construir una barcaza, y sintió un enorme regocijo cuando volvieron uno detrás de otro con preciados car­gamentos de maderas exóticas. Entonces preparó una gran se­lección de regalos para sus padres y comenzó su ansiado viaje.
Durante la travesía curso arriba, se detuo en cinco ciu­dades diferentes. En cada parada, la diosa protectora de la ciudad al ver un cargamento tan abundante, le ofrecía la bienvenida e insistía para que se quedara, pero él siempre se negaba alegando:
-Voy a Nippur.
Por fin, la barcaza atracó en el muelle de Nippur y Nanna anunció la lista completa de sus ofrendas al guardián de la casa de su padre, quien, mara-villado, abrió las puertas del templo. Enlil se mostró también rebosante de ale­gría ante la llegada de su hijo y organizó en su honor un banquete, en el que le ofreció su mejor cerveza. En agradecimiento a los regalos de los pastores. Nanna le pidió a Enlil una bendición y parte de la produc­ción de los campos Locales. El pa­dre le concedió todo cuanto reclamo con enorme júbilo, Nanna se llevó todas estas bendi­ciones de vuelta a Ur.

0.082.4 Anonimo (mesopotamia)

Un desafio a la muerte

Tras sus reticencias iniciales, Baal, el dios ugarítico de las tormentas, acordó incluir una ventana en el diseño de su nuevo palacio, decisión que provocó una confrontación con Mot (la muerte).

El artesano divino Korhar wa-Hasis sugirió incluir una ventana en el palacio real, pero, en un primer momento, Baal se opuso, ya que le preocupaba que sus hijas. Dew y Mist, pudieran escapar del recinto sagrado. No obstante, con el tiempo cambió de opinión y accedió a que se instalara una ventana, lo que provocó el reproche por parte de Korhar wa-Hasis:
-¿No le dije, Baal, que al final me haría caso?
Finalmente se instaló una ventana en el edificio, lo que demostró ser un terri­ble error. Aunque la apertura permitió a Baal manifestar su poder sobre la fertilidad vertiendo lluvia en la Tierra, al mismo tiempo lo desprotegía frente a la muerte, ya que se creía que sólo podía entrar en las casas a través de una ventana.
Cuando Baal volvió de un triunfal viaje, decidió abrir la ventana creando un hueco entre las nubes. Tras gritar a través de dicho hueco, logró que la Tierra se agitara al mismo tiempo que enviaba un desafiante reto a la muerte:
-Enemigos de Baal, ¿por qué tembláis? ¿Se hará con el trono un rey o cual­quiera que no lo sea en esta Tierra en la que soy soberano? ¡Reino solo entre los dioses alimento sin ayuda a las multitudes de la Tierra y las engordo! -Baal continuó con su desafío enviando a dos mensajeros. Gapan (vid) y Ugar (campo arado), al reino de Mot, situado en el averno. Baal dio estrictas órdenes para tan peligrosa misión:
-Bajad a las tinieblas y desolad la Tierra en la que Mot reina. Pero tened cuidado cuando os acerquéis a él: no permitáis que os atrape como a los corderos en su jaulas. Acudid allí y decidle que he construido mi palacio con oro y plata.
El resto del mensaje, al igual que el relato del viaje de los mensajeros, no se ha conservado. Sin embargo, la mención del espléndido palacio de Baal con su ventana sugiere, y que el tono fue provocador, lo que dio lugar a sucesivas confrontaciones entre Baal y la muerte.

0.082.4 Anonimo (mesopotamia)

Telepinu y la hija del dios del mar

La desaparición del dios del sol es un tema recurrente en los mitos hititas. Aquí, la deidad es arrastrada a las profundidades del océano, lo que provoca la devastación sobre la Tierra.

Un día, el dios del mar estaba discutiendo con el dios del sol. Enfurecido, el primero arrastró a su rival desde el cielo para ocultarlo en las profundidades del océano. Con la desaparición del sol, la Tierra quedó sumida en una profunda oscuridad, lo que provocó que las cosechas se arrui­naran y que reinara la hambruna.
El dios de las tormentas, Teshub, mandó entonces llamar a su pri­mogé-nito Telepinu, y le dijo:
-Debes ir al mar, donde encontrarás al dios del sol. Tráelo de vuelta para que podamos devolverlo al cielo.
Al ver que se aproximaba el hijo de Teshub, el dios del mar se asus­tó y te ofreció a Telepinu la mano de su hija. Este regresó a la Tierra con su prometida volvió a colocar al dios en el cielo. Las cosechas crecie­ron, se pudo criar al ganado y los hombres prosperaron.
Sin embargo, ahí no acaba la historia, pues el dios del mar envió a un río con un mensaje para Teshub:
-Tu hijo Telepinu se ha llevado a mi hija como esposa. ¿Qué me vas a dar como dote? -Teshub acudió entonces a la diosa madre Hannahanna para pedirle consejo.
-El dios del mar me está reclamando una dote -le dijo. ¿Debo entregársela?
-Por supuesto -respondió. Telepinu se llevó a su hija y el dios del mar tiene derecho a recibir su dote.
Así que Teshub le ofreció al dios del mar mil cabezas de ganado y mil ovejas, y la armonía volvió a reinar.

0.082.4 Anonimo (mesopotamia)

Ninurta el arrogante

Esta historia se burla de Ninurta, el dios del trueno, de las crecidas de los ríos y del arado, a quien Enki le dio una lección de humildad con la ayuda de una simple tortuga.

Para desesperación de Enki, el temible pájaro Anzu había robado la «tablilla de los destinos» y se la había llevado volando muy lejos, pero Ninurta logró capturarlo y hacer que el ladrón dejase caer la tablilla al apsu, el dominio acuático de Enki. Este se alegró mucho y elogio a Ninurta por su hazaña.
Pero a Ninurta se le subió el éxito a la cabeza y, no contento con estos elogios, decidió hacerse con el control del universo, para lo cual necesitaba conseguir la «tabli­lla de los destinos,, que confería un poder supremo al que la portaba. Pero Enki vio lo que tramaba su hijo y, a modo de aviso, hizo batir con fuerza las olas del apsu, al mismo tiem­po que envió a su ministro Isimu a ver a Ninurta. Pero arrogancia de este último era tal que incluso se atrevió a levantar la mano contra el emisario de su padre. Esto agotó la pacienda de Enki, quien, en su exasperación, modeló una tortuga con arcilla del apsu y, tras insuflarle vida, le ordenó que excavara un profundo hoyo. Ninurta acudió a pro­testar ante su padre, pero a medida que sus amenazas se iban intensificando, Enki se fue retirando hacia donde estaba la trampa, hasta que, de repente, la tortuga salió de detrás de él e inmovilizo a Ninurta, a quien el padre envió de un empujón al fondo del hoyo.
Por más que lo intentaba, Ninurta no podía trepar por las paredes de la trampa. Enki se asomó desde el borde y miro a su hijo inmovilizado todavía por la tortuga
-Estabas planeando mi muerte -dijo gritando- ¡Tú y tus fantásticas ideas! Tú, que has sido capaz de dominar montañas, ¿no puedes ahora salir del hoyo que ha ca­vado una simple tortuga? ¿Qué clase de héroe eres?
Por fortuna para Ninurta en ese momento apareció su madre, Ninhursaga, quien al ver lo que ocurría le mandó a Enki que dejara de regañarle y le recordó que una vez ella misma le había salvado la vida tras comerse varias plantas venenosas.
-¿Y tú que tienes que decir, comedor de plantas? -dijo- ¡Yo te salvé a ti, así que ahora salvarás a tu hijo!

0.082.4 Anonimo (mesopotamia)


Los dioses de dunnu

Con el fin de crear y dominar el mundo, los dioses recurrían a menudo al incesto y al parricidio. Este tema mitológico recurrente aparece en un cuento mesopotámico que explica el origen de los dioses. Una ciudad de escasa importancia, llamada Dunnu, proporciona el telón de fondo a esta dramática historia.

En el principio de los tiempos existían el arado y la tierra, de cuya unión nació el mar y, poco el después, el dios del ganado y la ciudad eterna de Dunnu. El dios del ganado hizo el amor con su madre, la Tierra, mato a su padre, el arado, y se casó con su hermana, el mar. En la siguiente generación volvió a repetirse esta secuencia de hechos cuando el hijo del dios del ganado, el dios de las ovejas, mató a su padre y se casó con su madre, el mar. De generación en generación fueron apareciendo diversos dioses s acunes que, después e adoptar el nombre de los diferentes rebaños que pastaban en los campos, fueron matando a sus respectivos padres y casándose con sus hermanas o con sus madres, las cuales, a menudo, en­carnaban un elemento destacado del paisaje, como un río, un árbol o un prado.
Aunque se desconocen muchos detalles del mito, lo cierto es que es una alegoría de los cambios estacionales que se suceden lo largo del año.
Hasta que un día este modelo se modificó de forma abrupta cuando uno  de los dioses, en lugar de matar al padre para usurpar su poder y casarse con su madre, se limito sencillamente a encerrarlo. Este hecho coincidió con la fiesta del año nuevo, que los babilonios celebraban en abril de lo que se desprende que este mito se recitaba durante el festival de año nueno. Ahora bien, dado que el resto del texto no se ha conservado, se desconoce la trascendencia exacta de esta inter­rupción en el ciclo de parricidios.
De este mito se desprende una vez más la impresión general, presente también en el Enuma Elish, de que los mitos de la creación tenían una dura lectura política y de que, en el fondo, servían para ensalzar una ciudad determina­da al otorgarle un papel fundamental en la his­toria. De acuerdo con esta versión de la creación, los dioses asesinados descansaban en Dunnu. Ello explica que el origen del mundo se encuentre estrechamente vinculado a la aparición de la ciudad.

0.082.4 Anonimo (mesopotamia)

La sanguinaria anat

La diosa Anat, a menudo identificada con Astarté, es la forma ugarítica de una deidad venerada a lo largo del antiguo Oriente Próximo. A pesar de estar vinculada tanto con el amor como con la fertilidad sexual, protagonizó un frenético derramamiento de sangre que provocó numerosas muertes.

En un episodio que solo puede describirse como una digresión del ciclo de Baal, Anat perpetró dos masacres.
El relato comienza con el exterminio a manos de Anat de los pobladores de dos ciudades vecinas. Con la guadaña en alto, la diosa se encontraba con un pie a cada uno de los lados de un montón de cabezas humanas cortadas, esparcidas como una cosecha de maíz. Con manos mutiladas volando a su alrededor, se revolcaba hasta la cintura en la sangre humana.
Más tarde, invitó a un ejército de soldados a su palacio y los asesinó mientras se hallaban sentados a la mesa para comer. Tras colocar las mesas y las sillas­ se purificó en la lluvia y el rocío de Baal. Luego, esta última le habló de los poderes de su lluvia y de su vinculación con la sexualidad humana.
-Prepara frutas deliciosas de la tierra -le dijo-, fomenta los matrimonios en la región, esparce amor por la Tierra. Apresúrate y te contaré algo de lo que hablan ios árboles y susurran las piedras, algo de lo que los cielos murmuran a la Tierra y el abismo murmura a las estrellas. Conozco el secreto de los rayos, desconocido para el género humano.
Es posible que este fragmento haga referencia al «matri­monio sagrado» o unión sexual ritualizada entre Anat y Baal, que se describe de forma explícita en otros textos más fragmentarios. Se ha sugerido, además, que las masacres perpetradas por la diosa representan un sacrificio para la fertilidad de las tierras. No obs­tante, la interpretación real de la historia con­tinúa estando poco clara.

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Enki, creador del orden del mundo

Mientras que el Enuma Elish considera a Marduk la figura central de la creación y regulación del mundo, según una fuente sumeria anterior, todo fue creado por Enki, padre de Marduk, el artesano divino que preside las aguas dulces portadoras de la vida.

Enki bendijo las ciudades de Nippur, «el lugar donde nacieron los dioses», Ur, Vleluhha y Dilmun (pro­bablemente Bahrein) con abundantes cosechas, rebaños, metales preciosos y victorias en el campo de batalla. A continuación organizó los mares, los ríos, las nubes y la lluvia: transformó las montañas yermas en campos de cultivo creó los ríos Tigris y Éufrates, cuyos lechos relleno con su propio semen. Creó también las ovejas y el resto del ganado, y sentó las bases de la agricul­tura, la construcción y el hilado.
A medida que creaba un nuevo reino, iba nombrando a un dios para que lo super­visara. Pero cuando finalizó, Inana se aproximó lamentándose por no haber recibido de sus manos dominio alguno. Tras enumerar los rei­nos de Nintu, la diosa del vientre, Nidaba, la diosa del campo, y Nanshe, la diosa de la pesca, preguntó dolida a Enki:
-Y Yo, sagrada lnana, ¿qué reino tengo?
Enki le respondió enumerándole los nu­merosos poderes y dominios que ya poseía la diosa, añadiendo en cada ocasión:
-Joven Inana, ¿qué más podría ofrecerte? 
-Le recordó no sólo su poder sobre el cayado del pastor, sino también sobre la sangre de las batallas, así como sobre ciertos tipos de prendas e instrumen­tos musicales relacionados con la guerra, la muerte y los ritos funerarios. Finalmente, Enki concluyó afirmando que el do­minio de Inana era ya muy considerable y poderoso:
-Inana, tienes el poder de destruir lo que no puede des­truirse, así como de crear lo que no puede crearse.

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El dios del sol y el pescador

Este fragmento proporciona un retrato muy revelador de las relaciones entre los dioses, los animales y el hombre, al mismo tiempo que ofrece una interesante visión del humor irónico de los hititas, así como de las costum-bres que giraban en torno a la llegada de un nuevo miembro de la familia.

Simige, el dios del sol, miró desde el cielo para ver cómo pastaba una vaca, lo que despertó en él un enorme apetito sexual. Tras descender a la Tierra en forma de un hombre joven, abordó a la vaca y le exigió saber con qué derecho pastaba en su prado. Más tarde, atrapó al ani­mal y se apareó con él, y, nueve meses más tarde, la vaca parió.
Impresionada al descubrir que su ternero tenía sólo dos patas, la vaca intentó matarlo y comérselo, pero el dios del sol, que observaba desde arriba, intervino. Se apoderó de su hijo para ponerlo a salvo, lo acarició con ternura y luego lo dejó en un montículo con hierba, rodeado de serpientes venenosas a modo de guardianes.
Un pescador sin hijos que pasaba por allí se llenó de rego­cijo al encontrar al bebé que llevaba tanto tiempo esperando. Tras dar las gracias a Simige por su buena suerte, se llevó al niño a su hogar, donde su esposa lo recibió con igual regocijo. A pesar de la dicha que les producía tener con ellos al pequeño, vieron una oportunidad para ganar dinero:
-Lleva a este niño al dormitorio, túmbalo en la cama y gime le dijo el pescador a su esposa-. la ciudad entera oirá tus gemidos y pensará que has dado a luz. Entonces una persona nos traerá pan, otra nos traerá cerveza y el resto nos traerá tocino. En efecto, tal y como habían imaginado, la comuni­dad respondió:
-¡La esposa del pescador ha tenido un bebé! La esposa del pescador ha tenido un bebé!
La ciudad entera acudió a la casa de la pa­reja y los agasajó con regalos.

0.082.4 Anonimo (mesopotamia)