Translate

Mostrando entradas con la etiqueta 0.072.4 anonimo (peru). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 0.072.4 anonimo (peru). Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de febrero de 2013

El origen del río amazonas

Hace mucho tiempo, cuando los hombres podían hablar con los animales, vivían en la selva dos hermanos mellizos con sus abuelos. Sus padres habían sido atacados por gente de una tribu enemiga y murieron, dejando solos a los pequeños.
En aquel tiempo, el agua escaseaba en la selva, pues todavía no existían ni ríos ni arroyos, ni lagunas ni quebradas. Apenas llovía. Solo el abuelo sabía de dónde extraer el agua y a nadie le decía el secreto.
Cada mañana, los dos hermanos mellizos acarreaban el agua hasta la casa. Un día, hartos de cargarla siempre, decidieron averiguar dónde estaba escondida la fuente y gastarle una broma al abuelo.
Uno de los hermanos se transformó en picaflor[1] y voló cerca del abuelo cuando este se fue a bañar. Descubrió entonces que un gran chorro de agua brotaba del interior del lupuna, que es un gigantesco árbol muy frondoso.
Cuando supieron el secreto, los dos hermanos reunieron a los animales roedores, como ardillas, conejos, ratones y pacas, y a las aves pica-maderas, como el pájaro carpintero, para que les ayudaran a talar la lupuna.
Después de un día de trabajo, cuando ya faltaba poco para que la lupuna cayese, decidieron dejarlo hasta el día siguiente. Pero al regresar a la mañana siguiente, encontraron el árbol seco y entero.
El segundo día sucedió lo mismo. Y el tercero también. El árbol casi talado aparecía siempre entero al amanecer, como si no le hubieran hecho nada.
Así que espiaron de nuevo al abuelo y descubrieron que, por las noches, curaba a la lupuna y la dejaba como nueva. Entonces, otro día, cuando de nuevo la lupuna estaba casi talada, uno de los mellizos se convirtió en alacrán y picó al abuelo en el dedo gordo del pie. En ese momento, el gigantesco árbol cayó con un gran estruendo al suelo y retumbó toda la selva.
Al desplomarse la lupuna, comenzó a brotar allí mismo una gran cantidad de agua. El tronco se convirtió en el río Amazonas y sus numerosas ramas se convirtieron en afluentes, riachuelos y quebradas. Las hojas y las espinas del árbol se transformaron en diferentes peces: primero, nacieron los paiches, después, las palometas y, más tarde, los motas, gamitanas, zúngaros, boquichicos y otros pescados que gustan mucho a los niños de hoy.
Y así es como lo cuentan.

0.072.4 anonimo (peru-amazonas-yagua)






[1] Picaflor: colibrí.

domingo, 7 de octubre de 2012

La montaña viajera

Huishtínbaque [1], un niño shipibo, que vive desorientado por el mal comportamiento de sus mayores, abandona cierto día su vivienda con el propósito de pescar. Aborda su canoa en el embarcadero del poblado y la conduce por la quebrada de Cumancay. Observa que los peces, que están muy agitados, surcan el agua velozmente, como trastornados, y le resulta imposible dirigir sus flechas con acierto. La candente mirada de Bari [2] hace hervir el agua y revienta los frutos en las ramas de los árboles.
Huishtínbaque acerca su canoa hasta el árbol Nehue Rao [3] y ve que sus frutos estallan esparciendo sus semillas en el viento. Las que caen al agua son devoradas por los peces y éstos al instante rompen la superficie color turquesa y remontan vuelo por los aires caldeados. A los pájaros les sucede lo contrario: tan pronto comen las semillas se precipitan al agua y se sumergen como si fueran peces.
Huishtínbaque queda maravillado y, sin saber de qué se trata, tiene la certeza de estar recibiendo una señal espiritual.
Abandona su canoa, llega hasta el árbol y trepa. Alcanza la copa del Nehue Rao, llena con sus hojas y frutos el bolso que pende de su cuello y desciende.
Recobra su canoa y rema de prisa en dirección a su morada. Al verle regresar tan pronto y sin pesca, su madre se extraña, pero permanece en silencio. Lo ve extraer el contenido del bolso y triturar las hojas y frutos en un mortero de tronco de palmera, hasta transformarlos en una pasta amarillenta que diluye en una tinaja. Actúa con seguridad, como si supiera perfectamente lo que hace. La madre lo contempla intrigada y le pregunta qué está haciendo...
-Lo que ves -contesta el niño.
Le muestra la sustancia amarillenta que pugna por escapar de la tinaja y le relata paso a paso lo que ha presenciado.
-Y ¿qué te propones?
La madre no logra averiguar nada; Huishtínbaque guarda silencio, se aleja regando la sustancia por el frente de la vivienda y sigue haciéndolo por el terreno de las viviendas vecinas. La mujer se alarma y corre de casa en casa anticipándose al recorrido del hijo y advirtiendo a la gente:
-No abandonen sus viviendas por ningún motivo. Algo malo se avecina.
Su semblante y su voz trasmiten tanta angustia, que todos deciden obedecer. Huishtínbaque se interna entre los matorrales, desaparece tras los árboles y arbustos, resurge infatigable en la maleza rastrera regando el líquido. La gente lo contempla agrupada en los patios de las viviendas y nadie sabe explicar su extraño comportamiento.
-Pase lo que pase, no nos moveremos de nuestras casas -comentan.
-Una zoncera -exclama un joven, riéndose del miedo de la gente. Yo me voy a cazar al bosque.
Recoge su arco y flechas, pucuna [4] y virotes [5], cruza audazmente el lindero demarcado por el líquido y desaparece en la floresta.
Ahí no más se percibe un aterrador ruido subterráneo. Parecería que la tierra se esforzara en romperse sacudiéndose violentamente por donde el líquido ha sido vertido. Y lo consigue, y poco a poco va desprendiéndose de aquella que se encuentra fuera de la marca y permanece inalterable.
El ruido ensordecedor persiste cuando la gran circunferencia demarcada es una sola grieta. Los pobladores se aferran a los horcones y troncos cuando el gran bloque que contiene la totalidad de viviendas y árboles que les dan sombra se va elevando. Y sigue elevándose más y más, ante la consternación de la gente, que no atina sino a arrojarse de bruces sobre la hierba para evitar caer al abismo.
Aterrado por el estruendo que suena a sus espaldas, el joven cazador da media vuelta y regresa a la carrera por la trocha. El abismo detiene su avance. Su vivienda y las demás, y su familia y toda la gente están suspendidas en el aire turbulento, más arriba que los más altos árboles.
-¡Ea bihué cocá, ea bihué! (¡Ven a llevarme, tío; ven a llevarme!) -grita desesperado.
Y continúa gritando, al ver que aquella tierra desprendida se desplaza por los aires:
-¡Cocá, cocá! (¡Tío, tío!)
Y se eleva tras ellos convertido en el pájaro Cocá, que deja oír por vez primera su canto lastimero.
Cuentan los abuelos que en todo el Ucayali se vio con asombro, surcando el firmamento, algo que semejaba una montaña viajera. Y que estuvo a punto de caer en el paraje donde hoy se encuentra la ciudad de Contamana y aplastar a sus moradores. Y dicen que la montaña cobró altura y prosiguió su viaje, para finalmente descender con suavidad en un bosque pantanoso del Bajo Ucayali: ese gran cerro conocido con el nombre de Canchahuaya.
Los navegantes que arriman sus canoas a este cerro por los caños del pantano, escuchan sonidos de la vida cotidiana, murmullos imprecisos, rumores de las fechorías que se siguen cometiendo. Pero no logran distinguir a nadie porque se trata de espíritus, condenados a permanecer para siempre fuera del mundo de felicidad de los antepasados.
Se dice que la enorme cavidad que, al desprenderse, dejó la tierra de Cumancay, de la noche a la mañana se llenó de agua y se pobló con toda clase de animales acuáticos y peces: el manatí, la nutria, el paiche, la gamitana, el acarahuasú, el tucunaré, los bufeos.
De dónde vinieron, se siguen preguntando los pescadores shipibos que ingresan a esta gran laguna, alistando sus arpones y flechas para atraparlos. Pero antes contemplan con detenimiento el agua y las copas de los árboles; no sea que otra vez Bari esté haciéndola hervir y reventando los frutos del Nehue Rao.

0.072.4 anonimo (peru)




[1] Huistínbaque: Vástago de estrella.
[2] Bari: El Sol, espíritu tutelar.
[3] Nehue Rao: Viento mágico.
[4] Pucuna: Cerbatana.
[5] Virotes: Dardos de la cerbatana.