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viernes, 5 de octubre de 2012

Taliesin y elfin

Cuenta la leyenda que el noble que rescató a Taliesin de fue el príncipe Elfin, el sobrino de Maelgwyn, rey de Dyfed. Más tarde, cuando Taliesin se convirtió en el bardo de la corte del príncipe, tuvo la oportunidad de corres-ponder a la generosidad de su tutor.

Al Taliesin de la mitología galesa se le identifica a menudo con el poeta de la vida real, Talietiin Ben Beird, que vivió en el siglo VI al servicio del rey Urien de Rheged. La historia del bardo, El Libro de Taliesin, se escribió ochocientos años después, y en él se recogen numerosas leyendas sobre su vida. Cuenta la tradi­ción que se convirtió en el bardo del príncipe Elfin, uno de los soberanos locales que apoyó al rey Arturo. El libro habla, ade­más, de como fue al rescate de su noble tutor, después de que este fuera hecho prisionero por alardear de tener la esposa más fiel y el bardo más dotado de todos los caballeros de la corte.
Cuando Elfin se encontraba en su mazmorra, un pre­tendiente fue enviado a su palacio para desmentir la primera de sus afirmaciones y sedujo a su esposa. Sin embargo, Taliesin esta­ba dotado con tales poderes para clarivi-dencia que pudo pre­ver lo que se había planeado, y entonces convenció a una sir­vienta para que se hiciera pasar por la princesa. Así que, cuando el violento pretendiente quiso demostrar su conquista cortán­dole a la chica uno de los dedos para llevarlo a la corte, Elfin no tuv o problemas en demostrar que el dedo no pertenecía a su esposa. Era demasiado grueso y la uña estaba sin cuidar; ade­más, contenía restos de masa, y una princesa nunca amasaba.
Tras un primer intento fallido por desacreditar a su prisionero, Arturo insistió en organizar una competición de bardos. Sin embargo, los poderes de Taliesin eran tales que, mediante su magia, logró que todos sus oponen-tes se expresaran de for­ma incoherente. Así, cuando le llegó el turno, entonó una me­lodía tan dulce que rompió las cadenas que mantenían reteni­do a su cautivo maestro. Al rey no le quedó otra alternativa que admitir que su súbdito había alardeado con razón de espo­sa y bardo, y, a partir de eee momento, comenzó a tratar a Elfin y a Taliesin con el mayor de los respetos.

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Tadg y el mundo de los muertos

Muchas leyendas de la mitología irlandesa giran en torno a toda una serie de viajes al mundo de los muertos, en los que los protagonistas son gente normal en lugar de grandes guerreros, y que constituyen búsquedas; aquí, la que realiza un marido para recuperar a su mujer, que ha sido secuestrada.

Al mundo de los muertos se podía acceder de nu­merosas formas a través de una colina, un lago o una neblina. Sin embargo, los navegantes tenían que atravesar una cadena de islas mágicas que formaban el reino de Manannán, el hijo del dios del mar Lir.
Uno de los que viajó hacia el reino de ultratumba fue Tadg, hijo de Cian de Munster. Su esposa y dos de sus herma­nos fueron apresados durante el asalto de unos extranjeros y, como represalia, Tadg había organizado un asalto por el mar. El hijo de Cian y su tripulación navegaron bajo enfurecidas tormentas hasta que por fin las aguas se calmaron y llegaron a una isla tan pacífica como hermosa. Les sorprendió descubrir que allí fuese verano, ya que, en Irlanda, cuando zarparon, era invierno. No obstante, a pesar de las dificultades que habían atravesado, no tenían apetito. Tras continuar su marcha, llega­ron a tres colinas, cada una de las cuales albergaba un fuer­te: uno blanco, otro dorado y el último plateado. Cuando se aproximaban al primero, una hermosa mujer les saludó. Tadg le preguntó quién habitaba allí y ella le contestó que era el ho­gar de los reyes de los milesios de Irlanda. En el fuerte pla­teado, se encontraron con otra hermosa mujer, y Tadg formuló la misma pregunta. Ésta le contesto que era el hogar de todos los soberanos que habían reinado en Irlanda. En la tercera colina, se enteraron de que el fuerte dorado estaba reservado para todos los futuros reyes de Irlanda, entre ellos el propio Tadg. La soberana de la isla era Cliodna, una diosa de Danann, dotada de una enorme belleza. Cuando Tadg y su tripulación partieron de regreso a casa, la diosa les envió tres pájaros para que les sirveran de guía. Por el camino, vencieron a los asaltantes y volvieron a casa junto a la esposa y los hermanos de Tadg, además de un enorme botín.

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Pryderi

Un relato del Mabinogion narraba cómo Pwyll, príncipe de Dyfed, en el suroeste de Gales, logró la mano de la princesa de las hadas, Rhiannon. Sin embargo, el matrimonio no demostró ser precisamente idílico, tal como muestra el relato del nacimiento de su primer hijo, Pryderi.

El niño fue arrebatado poco des­pués de nacer. Temiendo por sus vidas, las niñeras que esta­ban a cargo de su cuidado ma­taron a un cachorro y untaron con su sangre el rostro de la madre del bebé mientras ésta dormía. Cuando, a la mañana siguiente, se descubrió la desaparición del pequeño, las niñeras acusaron a Rhiannon de haberse comido a su propio hijo.
Tales acusaciones pronto llegaron a oídos de Pwyll, quien no pudo reprimir su furia y condenó a su esposa a permanecer sentada fuera de palacio, de forma que salu­dara y contara la historia de su supuesto cri­men a todos cuantos pasaran por allí. Con ob­jeto de hacerle sentir una humillación aún mayor, la obligaron a transportar a los visitantes sobre su espalda como si de un caballo se tratase.
Mientras tanto, cerca de la frontera inglesa, a unos 160 km al este, un señor llamado Teyrnon tenía problemas con su yegua: paría todos los años durante la noche del 1 de mayo, pero, al llegar la mañana, los potrillos siempre habían desapa­recido. Un año decidió resolver semejante misterio permaneciendo en el establo du­rante toda la noche del 1 de mayo. Para su sorpresa, en cuanto la yegua dio a luz, vio cómo un brazo a modo de garra gi­gantesca apresaba al potro recién nacido a través de la ventana. Teyrnon desenvainó su espada e hirió el brazo a la altura del codo. Más tarde, oyó un gran tumulto fuera, pero cuando salió para ver qué pasaba, no vio nada anormal. Sin embargo, al volver, encontró al bebé envuelto en seda.
Se llevó al niño a casa y lo crió como si fuera suyo. Sin embargo, cuando el chico creció, Teyrnon se percató de que se parecía a Pwyll.
Tras enterarse de la historia de Rhiannon, decidió llevar al niño al castillo, donde le contó a Pwyll su historia y le presentó al rey a su hijo. Rhiannon fue absuelta, y en un banquete posterior, declaró que su hijo recién encon­trado se llamaría a partir de entonces Pryderi («Cuidado») por lo mucho que había sufrido desde el momento de su nacimiento.

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La vida de cuchulainn

Con sus conexiones divinas, poderes sobrenaturales y una vida breve pero brillante, Cuchulainn fue el héroe épico celta por excelencia. Su madre, Dectera, era la hija del druida Cathbhadh. Sin embargo, se desconoce la identidad de su padre, aunque en un relato se dice que era el dios Lugh.

Se decía que Lugh había dejado a Dectera embarazada en un sueño, aprocechando que el rey Conehobar había salido de cacería.
Su hijo se llamaba Setanta, pero cuando se hizo ado­lescente se le pasó a conocer con el nombre de Cuchulainn («perro de Culann»), después de que diera muerte al fiero perro guardián de Culann, el herrero, y ocupara su puesto hasta que éste hubiera criado a otro. De niño, guió al destacamento de las juventudes de Con­chobar y entro a formar parte del servicio del rey del Ulster. Fue entrenado en el uso de las ar­mas en Escocia por una guerrera llamada Sca­thach, quien le enseñó proezas tan heroicas como permanecer de pie sobre una lanza en vuelo, ade­más de proporcionarle una sanguinaria arma conocida como la gae bolg. una especie de lanza que cuando daba en el blanco soltaba treinta dardos que acribi­llaban todo el cuerpo de la desdichada víctima.
Un día, cegado por la ira, Cuchulainn inició una frenética batalla durante la cual se le pusieron los pelos de punta, sus músculos se hincharon y su cuerpo giró dentro de su piel. Un ojo sobresalía de su cabeza, el otro se le había hundido en el cráneo, y su grito de guerra volvió loca a la gente. Tenía muchas amantes, pero siempre volvía a su esposa Emer.
Cuchulainn aparece en numerosos relatos del ciclo del Ulster, entre los cuales el más notable es El robo del ganado de Cooley. Su muerte tuvo lugar siete años después del robo, cuando la diosa Medb conspiró para asesinarlo con la ayuda de seis brujos. Conchobhar intentó prote­ger al guerrero de todo daño, pero los brujos lograron hacer creer a Cuchu­lainn que el Ulster había sido arrasado tras una batalla imaginaria. Cuando salió a caballo del lugar donde se ocultaba, fue alcanzado por una lanza mágica que había arrojado uno de los brujos. Herido de muerte, se ató a una roca para poder enfrentar-se a sus enemigos con honor. Durante tres días, ninguno se atrevió a acer-carse a él, pero al final la diosa de la guerra, Badbh, se posó sobre su hombro bajo la apariencia de un cuervo. Cuchulainn no su movió, por lo que todo el mundo supo que el mayor héroe del Ulster había muerto.

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La muerte de arturo

A pesar de todas sus hazañas, la vida del rey Arturo acabó en traición. La obra La muerte de Arturo, de sir Thomas Malory, narraba la última confron-tación del mítico rey con el diabólico Mordred en Camlann, así como su destino tras ser recogido herido de muerte en el campo de batalla.

Segun el relato de Ma­lory, Mordred provocó una guerra entre Artu­ro y Lancelot, y aprove­chó el conflicto para hacerse con ei trono. Mientras luchaba por re­cuperar su reino, Arturo se topó con las fuerzas del usurpador en Camlann, en la llanura de Sa­lisbury. Los dos rivales lucharon frente a frente y se hirieron de muerte.
Moribundo, el rey pidió que lo condujeran a una capilla situada en las orillas del mar, don­de ordeno a Bedivere, su fiel ma­riscal, que tomara su espada Excalibur, la arrojara a las profun­didades y volviera para contarle lo que había visto.
Deslumbrado por el esplendor de la espada, Bedivere no pudo cumplir la orden de Arturo y escondió la espada deba­jo de un árbol.
-¿Qué has visto? -le preguntó Arturo a su vuelta.
-Sólo viento y olas -contestó Bedivere. Tras escuchar sus palabras, Arturo, lleno de ira, lo acusó de desobediencia y lo volvió a enviar para que cumpliera su misión. De nuevo, la avaricia de Bedivere pudo con él y volvió una vez mas sin ha­ber llevado a cabo su misión, pero, en esta ocasión, el rey lo acusó de traición, alegando que lo había traicionado dos veces. Escarmentado, Bedive­re partió una vez más y por fin cumplió el deseo del mo­narca. Cuando Excalibur vola­ba por el aire, un brazo emergió de las aguas y agarró la gran espada por su empuñadura, blandiéndola en el aire tres veces antes de hacerla desparecer bajo la superficie.
Bedivere corrió a contárselo al rey, quien esta vez pidió que lo condujeran en persona a la orilla del mar, donde, de en­tre la neblina, apareció una barcaza que transportaba a tres rei­nas. Bedivere subió a Arturo a bordo de la embarcación y, mien­tras ésta se alejaba de la orilla, el rey comunico al caballero que se dirigía a Avalon, donde sus heridas serían sanadas, y luego desapareció para no ser visto nunca mas. Desde entonces, son muchas las especulaciones que se han hecho, algunas de las cuales identifican a las reinas con la diosa triple celta, cuyas tres naturalezas (doncella, matrona y bruja) representaban el ciclo de la vida humana.

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La lavandera del vado

Un tema recurrente en la mitología celta es el de la lavandera del vado, una diosa de la guerra que solía aguardar en un vado, a veces bajo la apariencia de una mujer y otras de un cuervo o de una corneja, y que decidía qué guerreros de los que pasaban junto a ella morirían ese día en el campo de batalla.

Mientras se dirigían al campo de batalla, un grupo de guerreros se detuvieron en un vado, donde contemplaron la terrible vi­sión del espectro de una mujer esbelta que los miraba con sus ojos rojos de ira a través de su cabello cano­so. En sus pies, bañados en sangre, yacían amontonados los cuerpos de varios guerreros, algunos tan desfigurados que ni sus propias madres hubieran podido reconocerlos.
Ante la mirada atónita de los guerreros, la mujer soltó una aterradora carcajada que hizo que un escalofrío les recorrie­se todo el cuerpo. Con movimientos lentos, la mujer levantó uno de los brazos y fue apuntando a cada uno de los hombres. Al final, el jefe del grupo reunió valor para aproximarse a la mujer y, con un esfuerzo indecible, logró preguntarle:
-¿Quién eres?
-¿Yo? -exclamó- Soy Morrigan, la reina fantasma, aunque algunos me llaman la lavandera del vado. Me dedico a vagar por las corrientes de Irlanda, haciendo desaparecer los pecados de los hombres.
-¿Y quiénes son? -preguntó el jefe del grupo. ¿Son pe­cadores los hombres que yacen en la terrible pila que tenemos ante nosotros? ¿Son los que has matado y mutilado hoy?
-Morrigan exclamó entonces:
-¡Yo no he matado a estos hombres, ni siquiera les he tocado un pelo de sus cabezas! –Al decirlo, atravesó a los hom­bres con su mirada-. Mirad de nuevo a estos guerreros muer­tos. Son los hombres que están a vuestra espalda, pero como estarán esta noche, después de la batalla. Yo tan sólo me limito a limpiar la sangre de sus miembros.
El jefe miró de nuevo los cuerpos y reconoció a alguno de los guerreros que lo acompañaban. Entonces, Morrigan se inclino sobre tan sangriento botín y mostró un objeto al jefe. Este lo miro y reconoció su propia cabeza entre los cabellos ensangrentados.

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La cacería de twrch

Culhwch, un arquetípico héroe celta, es la figura central de Culhwch y Olwen, una de las historias recopiladas en el Mabinogion. El relato narra las numerosas pruebas que tuvo que superar para lograr la mano de Olwen, la hermosa hija del señor de los gigantes.

En la búsqueda de su amada, Culhwch logró la ayuda de Arturo, una versión celta del mítico rey. Los caballeros de éste tardaron un año en encontrar a Olwen y, cuando al fin lo lograron, la joven se enamoró de Culhecd, a primera vista. Sin embargo, su padre se opuso al enlace y tan sólo accedió a permitirlo si Culhwch lo­graba con éxito llevar a cabo una serie de misiones, aparente­mente imposibles, la más difícil de las cuales consistía en en­contrar una navaja de afeitar, un peine y unas tijeras con los que el gigante pudiera acicalarse para el banquete de bodas. La dificultad de la misión radicaba en que estos objetos adornaban la cabeza de un monstruoso jabalí llamado Twrch Trwyth, que en realidad era un príncipe que, mediante una serie de conjuros mágicos, había adquirido la apariencia de tan terrible animal.
Fue así como comenzó una persecución épica, que llevó a la partida de caza a recorrer gran parte de la Gran Bretaña celta. Durante la misión, no sólo tuvieron que competir contra el jabalí, sino también contra sus siete feroces lechones, que ha­bían arrasado vastas extensiones de Irlanda, antes de dirigirse al mar y llegar a nado a Gales.
La búsqueda continuó durante numerosos días y provo­có la muerte de cuantiosos guerreros. Cuando por fin todos los lechones fueron cazados, Twrch Trwyth se dirigió hacia Cornua­lles, donde fue llevado a un río, en el que un cazador llamado Mabon le arrebató la cuchilla de afeitar y las tijeras. Sin embargo, el jabalí recuperó el equilibrio y siguió arrasando todo a su paso hasta que le pudo retirar el peine. Una vez cumplida la hazaña, la bestia huyó al mar y nunca más fue vista.

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La batalla de moytirra

Moytirra, en el condado de Sligo, fue testigo dedos de las grandes batallas de la mitología irlandesa. La primera acabó con la derrota de la raza conocida como los fir bholg y el establecimiento de los tuatha dé Danann como soberanos de Irlanda.

Los lir bholg formaban parte de toda una serie de grupos que reclamaban el honor de haber gobernado Irlanda durante el período anterior a la apari-ción de relatos históricos escritos. Antes que ellos, estuvieron los cazadores reco­lectores fomorianos y los seguidores de un líder llamado Partalón, quien introdujo la agricultura en esas tierras. Después de que una plaga acabara con sus hombres, llegó otro destacamento, éste al mando de un tal Nemed, supuestamente des­de la lejana Escitia. Pero los nemedios y los fomorianos prácticamente se habían matado los unos a los otros en una sangrienta batalla, lo que permitió que los fir bholg entraran en la isla sin encontrar resistencia. Finalmente llegaron a la costa oeste de Irlanda, donde se enfren-taron a los tuatha dé Danann («los seguidores de la diosa Danu»). Cuando los fir bholg se negaron a conceder la mitad de la isla que exigían los recién llegados, no se pudo evitar el conflicto. La batalla se prolongo durante tres meses, ya que los fir hholg desea­ban disponer de tiempo para copiar los lanzamientos con jabalina de los tuatha, mientras que estos últimos invirtie-ron el tiempo fabricando pesadas lanzas.
La batalla comenzó a mediados de verano. Durante tres días, los ejércitos lu­charon y registraron numerosas bajas, pero ninguno logró llevar la delan-tera. Cada noche, los sanadores aplicaban unas hierbas curativas a los heridos que les permitían recuperarse para la lucha del día siguiente.
El cuarto día, los tuatha por fin lograron llevar la delantera, y justo en ese crucial momento, el rey de los fir bholg tuvo una sed tal que abandonó el campo de batalla en bus­ca de agua. Un cuerpo armado de los tuatha partió en su búsqueda y, tras una cruenta lu­cha, le dieron muerte. Entonces, el rey de los tuatha, Nuadu, propuso una tregua que los fir bholg aceptaron. Sin embargo, para Nuadu se trató de una victoria amarga, pues en el cam­po de batalla había perdido un brazo, y su pueblo sólo estaba dispuesto a aceptar a un rey que fuera físicamente perfecto, por lo que no le quedó otra alternativa que abdicar.

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Gawain y la dama ragnell

Uno de los relatos artúricos más cómicos es el protagonizado por el peculiar matrimonio formado por el caballero Gawain y la dama Ragnell, una hechicera al estilo celta conocida como la «Dama detestable». Geoffrey Chaucer adaptaría más tarde esta historia en el relato titulado La esposa de Bath.

Un día, una espantosa hechicera se aproximó a Camelot con objeto de poner a prueba a la cor­te del rey Arturo. Retó al rey a participar en una prueba que consistía en resolver un acerti­jo, para lo que dispondría de un año, pero si fracasaba, tendría que concederle un deseo a la hechicera. Arturo aceptó el reto y entonces la misteriosa mujer le formuló la pregunta:
-¿Qué desea una mujer sobre todas las cosas?
Los caballeros de Arturo se dedicaron el siguiente año a rastrear todos los rincones del reino en busca de la respuesta al acertijo, pero no lo lograron. Finalmente, cuando la hechicera volvió para que le dieran la respuesta, el rey aceptó su fracaso y, fiel a su palabra, le pidió que pronunciara su deseo.
-Exijo un marido -dijo la hechicera, y Arturo se sintió moralmente obligado a casarse con ella. Sus caballeros quedaron horrorizados y Gawain, ejemplo supremo de caballerosidad con las mujeres, dio un paso hacia adelante y se ofreció como marido de la hechicera en el lugar de su tío. Este acepto de inmediato.
La noche de bodas, Gawain se acostó en el lecho marital con cierta des-gana, pero descubrió que su esposa se había conv ertido en una hermosa mujer, de nombre Ragnell. Esta le ex­plicó a su marido que había sido víctima de un conjuro.
-Puedo ser hermosa durante el día o durante la noche, pero no las veinticuatro horas. El resto del tiempo estoy conde­nada a tener el aspecto de la hechicera tan horrenda que has visto. Te doy la opción de elegir entre ser bella cuando estemos a solas por las noches o cuando tengamos que presentarnos ante tus amigos y ante la corte durante el día.
Gawain tuco que pensárselo mucho, pero no fue capaz de tomar una decisión. Al final declaró:
-¡Debes cumplir tu voluntad! -le dijo, y Ragnell quedo encantada.
-Tu respuesta ha roto el conjuro -exclamó con gran júbilo, y ¡ahora puedo ser bella siempre!
Su respuesta era la solución al acertijo: «Lo que una mujer desea es poder tomar sus propias decisiones!».

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Gawain y el caballero verde

En este relato, el año nuevo es el día en el que el mundo natural y el sobrenatural se funden, como en la festividad celta del Samhain. Es posible que el Caballero Verde tenga su origen en Cernunnos, el dios de la abundancia y los bosques, al igual que a Morgana se la relaciona con la diosa irlandesa Morrighan.

El día de año nuevo, un enorme caballero verde que portaba una descomunal hacha verde irrumpió en el vestíbulo del palacio del rey Arturo a lomos de un caballo verde, y reto a los caballeros a empuñar el hacha y a decapitarlo, con la condición de devolver el golpe a quien lo hiciera en el plazo de un año y un día. Gawain tomó el hacha y le cortó la cabeza al caballero, pero el torso decapita­do la recogió del suelo y el caballero partió en su caballo.
Poco antes de que transcurriera un año, Gawain partió su cita en un lugar conocido como la Capilla Verde. Durante el camino, se encontró a un hombre en el bosque que lo mito a que­darse en su casa, ya que la Capilla Verde se encontraba cerca de allí. El anfitrión propuso que el a Gawain se intercam-biaran todo lo que recibieran cada día, trato que el caballero aceptó. Durante tres días, el hombre salió de caza y volvió con numerosas presas para su invitado. Mientras tanto, su esposa había intentado seducir a Gawain: le dio un beso el primer día, dos el segundo y tres el ter­cero, así como un cinturón verde que protegía de la muerte a todo el que lo llevase puesto. El avergonzado caballero le pasó los besos a su anfitrión, pero se quedo con el cinturón.
El cuarto día, Gawain salió a enfrentarse con el Caballe­ro Verde en la Capilla Verde, pero el hacha del gigante sola­mente le arañó el cuello.
-Ese corte es por el cinturón -dijo. Soy Bercilak, el caba­llero de Morgana Le Pay, tu tía, y quería poner a prueba el honor de la Mesa Redonda. Y, ciertamente, has demostrado tu ho­nor, aunque rompiste nuestro pacto quedándote con el cinturón.
Bercilak era ni más ni menos que su anfitrión.
Gawain volvió a casa y Arturo ordenó que todos sus ca­balleros llevaran puestos cinturones verdes.

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Finn y el salmón del conocimiento

El momento decisivo en la vida del gran guerrero Finn mac Cumhaill llegó cuando éste tenía siete años. Fue entonces cuando se convirtió en el aprendiz de un bardo llamado Finnegas, que vivía en las orillas del río Boyne, en cuyas aguas intentó atrapar a un salmón dotado de una sabiduría universal.

Alrededor de un pozo situado en el nacimiento del río Boyne había nueve avellanos, en los que crecían avellanas que poseían una enorme sabi­duría. Tras caerse al río, un salmón se las comió y, a partir de ese momento, la persona que comiese la carne del salmón adquiriría la sabiduría universal. Según una profecía, sería Finnegas quien atraparía al pescado.
Durante siete años, Finnegas intentó sin éxito pescar el salmón, hasta que, tras la llegada de Finn, finalmente lo logró. Pidió entonces a Finn que lo limpiara y lo cocinara, pero que bajo ningún concepto probara ni la más mínima pizca del pescado, dado que la primera persona en probarlo recibiría toda su magia. El chico obedeció humildemente a su maestro en todos los aspectos. Pero mientras se asaba el salmón, se formó una ampolla en la piel y para reventarla, Finn la aplastó con el pul­gar, con la mala suerte de que se lo escaldó al hacerlo. Al chu­parse el dedo para aliviar el dolor, probó, sin querer, la carne del salmón mágico.
-¿Cuál es tu nombre? -preguntó Finnegas al darse cuenta.
-Deimn -contestó Pinn, utilizando el nombre que solía emplear para evadir a sus enemigos, los hijos de Morna.
-No, no es así -dijo el bardo-. Se había profetizado que atraparía al pescado, pero que Finn mac Cumhaill sería el primero en probarlo. Tú eres él.
Finn se comió el resto del pescado y recibió el don de la profecía, y siempre que quería hacer uso de éste lo único que tenía que hacer era chuparse el dedo pulgar. Gracias a la cum­binación de su talento y su destreza para la lucha, Finn se cunvirtió en un héroe excepcional.

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El triunfo de lleu

Cuando el héroe galés Lleu fue atravesado por una lanza a manos del amante de Gronw, su esposa, no murió, sino que se convirtió en un águila y huyó volando. Su tío, el mago Gwydion, lo buscó sin descanso, y estaba a punto de abandonar cuando se detuvo a pasar la noche en la casa de un campesino.

Durante su estancia, se entero de que su anfitrión tenía una cerda peculiar: cada mañana, desaparecía del el campo y volvía tarde por la noche, pero el campesino no tenía ni idea de adónde iba.
Intrigado, Gwydion espero jun­to al chiquero a la mañana siguiente y, en cuanto la puerta se abrió, salió detrás de la cerda. La siguió corriente arriba hasta llegar a un valle, donde el animal empezó a atiborrarse de algo que se encontraba debajo de un árbol. Tras aproximarse, Gwydion vio que estaba comiendo gusanos y carne des­compuesta, y al mirar hacia la copa del árbol, vio a un águila. Cada vez que ésta se agitaba, caía al suelo una lluvia de carne podrida.
Convencido de que el águila era Lleu, Gwydion le ento­nó una melodía. Al oírla, el águila bajo hasta la mitad del árbol. Gwydion entonó entonces otra melodía y el ave siguió bajando hasta llegar a la rama más baja. Cuando el mago entonó una tercera melodía, el águila se posó en su rodilla, momento que aprovechó Gwydion para tocar al esquelético pájaro con su va­rita mágica y transformarlo en Lleu. Sin embargo, debido a la herida, tenía un aspecto penoso y se había que­dado en los huesos, por lo que recuperarse le llevó un año entero.
En cuanto Gronw conoció el re­greso de Lleu, le envió un mensaje con-ciliatorio en el que le ofrecía una compensación por el daño que le había causado. Lleu contestó que lo único que aceptaría como compensación sería que Gronw permaneciera jun­to al río, como él mismo había he­cho, y le permitiera arrojarle una lanza. A regañadientes, ydespués de haberle pedido a sus hermanos, nobles y soldados que ocuparan su puesto, el rey aceptó, confiado como estaba en que iba a sobrevivir. Dado que después de todo había actuado en nombre de una mujer diabólica, preguntó si sería posible colocar una piedra enfrente de él cuando Lleu arrojara la lanza. Lleu aceptó, pero su lanza atravesó la piedra y alcanzó a Gronw en el pecho, causándole la muerte de inmediato. Lleu recuperó sus tierras y, a su debido tiempo, se convirtió en el soberano de Gwynedd. Desde entonces, en la ribera del río Cynfael, se conser­va la piedra atravesada por la lanza como recuerdo de su triunto sobre Gronw.

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El sueño de macsen

Este relato está basado en una historia real de Magno Máximo, un general romano del siglo IV d. C. afincado en Gran Bretaña que fracasó en su intento por convertirse en emperador. Macsen aparece representado como el verda-dero emperador, a quien un usurpador le ha arrebatado el trono.

Una noche, Macsen soñó que había conocido a la mujer más hermosa del mundo y, cuando se des­pertó, decidió encontrarla. Desde Roma se en­viaron mensajeros para que siguieran la ruta del viaje del sueño y, desde el pico de Snowdon, la monta­ña más alta de Gales, vieron por fin el castillo en el que vivía la mujer.
Cuando a ésta, cuyo nombre resultó ser Elena, la infor­maron del motivo por el que habían acudido allí, dijo que si el emperador estaba enamorado de ella, debía ser él mismo quien fuera a buscarla. Macsen llego con su ejército a su debido tiempo. después de conquistar Gran Bretaña por el camino.
Elena aceptó casarse con él, pero como regalo de bodas exigió que su padre fuera nombrado gobernador de Gran Bretaña y que las islas de Wight, Man y Anglesey pasaran a ser de su propiedad.
Macsen vivió con su esposa en Gran Bretaña, que atra­vesaba una época de enorme paz y prosperidad. Sin embargo, transcurridos siete años, los romanos eligieron a un nuevo em­perador para que sustituyera a Macsen. Éste se apresuró a volver a Italia para reclamar el trono, pero todos sus intentos por hacerse con la ciudad de Roma fracasaron.
Tras un año del asedio, llegó un batallón de guerreros británicos al mando de los dos hermanos de Elena, quienes vieron una posibilidad en la costumbre de los dos emperadores rivales de detener la lucha todos los días al mediodía para que las tropas pu­dieran descansar. Tras preparar el asalto coincidiendo con el des­canso del mediodía, los británicos pudieron asaltar la ciudad.
Su recompensa fue acorde con sus logros. Una vez re­cuperado el trono, el emperador concedió a sus tropas comple­ta libertad para llevar a cabo saqueos, y transcurrieron nume­rosos años hasta que decidieron regresar a su país de origen.

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El sueño de angus

Angus, el dios del amor, no era inmune a los efectos de éste. Cuenta la leyenda que todas las noches de un año soñó con una hermosa mujer. En su sueño, se le aparecía, le hacía señas para que se acercara y desaparecía cuando intentaba aproximarse a ella, lo que le provocó falta de apetito.

Se convocó a los doctores, pero a Angus le daba de­masiada vergüenza reconocer que se había enamo­rado en un sueño. Al final, uno de los mejores doc­tores de los tuatha dé Danann, Fergne, diagnosticó su dolencia.
El tío de Angus, Bobd Dearg, decidió salir en busca de la mujer del sueño de su sobrino. Después de un año de búsque­da, finalmente la encontró. La mujer, llamada Caer, era la hija del dios Danann y vivía junto a un lago en Connacht. El padre de Angus, Daghdha, hablo entonces con el rey Ailill e la reina Medb de Connacht acerca del comportamiento de su hijo, y Ailill mandó llamar al padre de Caer, Ethal, quien se negó a acudir, por lo que el rey, mandó destruir el hogar del dios. Incluso así, Ethal continuó rechazando la mano de su hija, y cuando le preguntaron el porqué de su negativa, contestó que ella tenía mayores poderes que él: todos los días durante un año adquiría la apariencia de una humana, y todos los días del año siguiente adquiría el aspecto de un ave. Al final, Ethal dijo que si Angus la quería realmente, debía estar presente en el lago el día de la fiesta de Samhain del año siguiente.
Angus hizo lo que le habían pedido v encontró el lago cubierto por 150 cisnes, entre los que se encontraba Caer. Al llamarla desde la orilla, ella le dijo que solo ¡ría si Angus le permitía volver al agua como cisne. El dios aceptó dicha condi­ción y de inmediato se transformó en cisne para poder unirse a su amada.
La pareja se abrazó y, nadando, dio tres vueltas al lago mientras con-sumaban su amor. Luego volaron hacia la casa de Angus en Newgrange y, una vez allí, volvieron a adquirir apa­riencia humana y organizaron una gran fiesta, en la que ambos entonaron unas melodías tan hermosas que todos los invitados se quedaron dormidos durante tres días con sus tres noches.

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El nacimiento de taliesin

Taliesin se convertiría con el tiempo en uno de los bardos galeses más importantes. En su famosa obra Los alardes de Taliesin, se atribuía el don de la omnisciencia. Esta leyenda, que tiene reminiscencias del relato irlandés de Finn y el Salmón del Conocimiento, describe cómo logró su enorme sabiduría.

A juzgar por el relato, que Taliesin supuestamen­te escribió cuando sólo tenía trece años, la ca­rrera del poeta empezó de la forma menos promete-dora. Afag Du, «Oscuridad tota», era indiscutiblemente el hombre más feo del mundo y todos los poderes mágicos de su madre, la hechicera Ceridwen, no pu­dieron hacer nada por cambiar tan triste realidad. Sin embar­go, Ceridwen en decidió que, si su hijo iba a ser feo. podía al menos ser listo, por lo que le preparó una poción mágica que le revelaría todos los misterios del universo.
Sin embargo, no se trataba de un proceso sencillo, ya que el brebaje tenía que hervir durante un año y un día, y ha­bía que añadirle ciertas hierbas en determinados momentos. Hacia finales de año, cuando Ceridwen estaba reuniendo los últimos ingredientes, un niño pequeño llamado Ewydion lle­gó y observó el caldero en ebullición. Al hacerlo, la mezcla em­pezó a burbujear y escupió tres gotas que le cayeron al niño en el dedo. Tras lamerlas, le fue concedida de inmediato la sabidu­ría deseada para Afag Du.
Cuando Ceridwen volvió se puso furiosa: Ewydion se había bebido las tres gotas más importantes del caldero, dejan­do en él un resto inútil. El chico intentó huir, pero en vano: primero se transformó en liebre y ella en sabueso, luego en pescado y ella en nutria. Cuando el pequeño se transformó en pájaro, la hechicera se convirtió en un halcón; finalmente, el chico se transformó en un grano de trigo, pero Ceridwen en adquirió la forma de una gallina y se lo comió.
Al recuperar su torma humana, la madre de Afag Du se percató de que estaba embarazada, y, a su debido tiempo, dio a luz a Ewydion, pero era tan hermoso que no tuvo el valor de matarlo, por lo que lo introdujo en una bolsa de cuero y lo arrojó al mar.
Dos días más tarde, un hombre de alto linaje encontró la bolsa y le dio al niño otro nombre, Taliesin, «Frente brillan­te», y lo acogió en su hogar como a su propio hijo.

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El caballero del carro

El relato en que Chrétien de Troyes cuenta cómo Lancelot rescata a la reina Ginebra convirtió la trayectoria de este caballero en la más popular de los seguidores de Arturo, al mismo tiempo que lo identificó como el amante adúltero de la reina.

El diabólico caballero Meleagant llevó a cabo ciertas artimañas para secuestrar a Ginebra de la corte de su marido Arturo, llevándosela a la fuerza al casti­llo de su propio padre. Buena parte de los caballe­ros del rey salieron en su búsqueda, entre los que se encontraba el por aquel entonces desconocido Lancelot. Tras morir su cor­cel, acepto a regañadientes subirse a un carro que pasaba por allí y que conducía un enano que afirmaba conocer el paradero de la reina. Durante el camino, Lancelot fue objeto de las burlas de todo el que lo veía, ya que los carros se solían utilizar para transportar a delincuentes.
Sin embargo, cumpliendo su palabra, el enano condujo al joven héroe hasta el castillo en el que la reina se encontraba retenida, donde se enfrentó a Meleagant en un único combate, en el que lucharon frente a frente hasta quedar paralizados. Finalmente, acordaron una tregua por la que Ginebra sería liberada y volvería a la corte del rey Arturo. Sin embargo, en contra-partida, Lancelot acepto el reto de volverse a encontrar con Meleagant para reanudar el combate al año siguiente, y de­volver a la reina, en caso de ser derrotado.
Ginebra aceptó las condiciones y se enamoró de su res­catador, con quien compartió una noche de secreta pasión. Más tarde, regresó a la corte de su marido acompañada por un séquito de caballeros, entre los que no se encontraba Lancelot. Tras retener a su adversario a traición, Meleagant lo encerró en una torre secreta construida para tal fin y anuncio a los cuatro vientos que el joven había huido, lo que demostraba que era demasiado cobarde para cumplir su promesa de luchar por Gi­nebra una segunda vez.
Todos los que conocían a Lancelot dudaron de Melea­gant, y una doncella a la que el caballero había prestado acuda con anterioridad fue en su búsqueda y, tras encontrarlo, lo li­beró de la prisión. Libre al fin, regresó a la corte de Arturo y, llegó justo a tiempo para disputar el combate, en el que derro­tó y decapito a su diabólico oponente.

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