Translate

Mostrando entradas con la etiqueta 0.010.4 anonimo (centroamerica). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 0.010.4 anonimo (centroamerica). Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de octubre de 2012

El señor del espejo humeante

Entre los primeros cuatro dioses creados por Ometeotl se encontraba Tezcatlipoca Negro, una incansable y oscura deidad descrita como «todopoderosa e inigualable». Caprichoso hasta la saciedad, podía ofrecer riqueza, una larga vida y felicidad para luego arrebatarlo todo.

Uno de los aspectos más evocadores e inescrutables de Tezcatlipoca es su propio nombre, que significa «espejo humeante,, en alusión al espejo que llevaba detrás de la cabeza y, en ocasiones, al que sustituía uno de sus pies, arrancado cuando lo arrojaron desde el cielo por seducir a una diosa virgen. El relato del espejo de Tezca-tlipoca es tan oscuro como las imágenes de su superficie. Una levenda tolteca habla de un espejo cuya superficie era como el humo y que podía predecir el final de las sequías. Se decía que Tezcatlipoca había robado este espejo y lo había escondido, lo que prolongaba los epi­sodios de hambruna. El espejo era «ahumado» porque es­taba realizado con obsidiana, un cristal volcánico de color negro que reflejaba con oscuridad y, a menudo, distorsiona­ba las imágenes. Tezcatlipoca podía ver el futuro en él y en los corazones de su pueblo, circunstancia que lo convirtió en el mecenas de los chamanes.
Aunque era un dios impredecible que podía traer desgracias y humillar a los vencedores, también tenía su lado protector. De acuerdo con un relato, fue el responsable de guiar a los aztecas durante su búsqueda de una tierra en la que vivir. El oscuro dios los alentaba narrándoles las visiones que podía ver en su espejo sobrenatural. De ahí que, cuando los aztecas llegaron a Texcoco a tra­vés de las aguas de la que luego sería la capital de Tenochtitlán, los sacerdotes colocaran un espejo en el templo de Tezcatlipoca, en el que se podía contem­plar el sombrío y hermoso semblante de la divinidad.

0.010. anonimo (centroamerica)

viernes, 5 de octubre de 2012

Un mono y un artesano

En el Popol Vuh se adopta una actitud irreverente con respecto a los dioses mayas. Al igual que Siete Guacamayos se transformó de una deidad creadora en un arrogante papagayo, los Gemelos Mono,
por lo general considerados diligentes mecenas, se convirtieron en unos seres inútiles y perezosos.

Representados con forma humana o animal, los Gemelos Mono eran venerados en Mesoaméci­ca como mecenas de los artistas, los músicos v los bailarines. Los aztecas creían que aquellos que tosieran la suerte de nacer bajo el signo del mono se con­vertirían en cantantes, bailarines o escribas.
Sin embargo, el Popol Vuh muestra una imagen muy di­ferente. Al denominarlos Hunhatz («mono aullador») y Hun­chowen «mono araña»), los describe como los primeros ge­melos nacidos de Hunahpu, quienes más tarde engendrarían a los Héroes Gemelos Hunahpu y Xbalanque. Pero mientras que éstos eran guerreros dis-puestos a ha­cer frente a los horrores del mundo de los muertos maya para vengar la muerte de su padre, los Gemelos Mono aparecen re­tratados como seres hogareños, indecisos y con cierto toque dia-bólico. Debido a la gran envidia que sentían por sus her­manastros, intentaron asesinarlos sin éxito durante su infan­cia. Primero los abandonaron en un hormiguero y más tarde en un zarzal.
Sin embargo, los más pequeños fueron los últimos en reír. Cuando alcanzaron la madurez, convencieron a los otros dos para que treparan a un árbol con la idea de recoger un pá­jaro que habían abatido con una cerbatana. No obstante, mien­tras subían por el tronco, los Héroes Gemelos recurrieron a sus poderes mágicos para que el árbol se elevara hasta el cielo, y creció tanto que los dos hermanos no pudieron descender. Pronto comenzó a crecerles pelo y, cuando desataron sus ta­parrabos para usarlos a modo de cuerdas, éstos se habían transformado en colas. De hecho, sus hermanos pequeños los habían convertido literalmente en monos.

0.010. anonimo (centroamerica)

La perdicion del terremoto

Tras acabar con Siete Guacamayo, los Héroes Gemelos tenían aún que encargarse de sus hijos, quienes habían heredado la arrogancia de su padre. El hijo mayor, Zipacna, se consideraba «el creador de las montañas», mientras que su hermano Terremoto se hacía llamar «el demoledor de las montañas».

En primer lugar, los Gemelos decidieron tender una trampa al insaciable Zipacna para asesinarlo. Cons­truyeron un cangrejo falso, lo colocaron en un profundo cañón y le contaron a Zipacna que había carne jugosa esperándole. La historia no deja claro si se cayó en el cañón y se rompió el cuello o si murió asfixiado sobre el «cangrejo», pero, en cualquier caso, el incidente supuso su final. Una vez más, Hunahpu y, Xbalanque recurrieron a su astucia para acabar con Terremoto. Le hablaron de una montaña nueva que habían visto en el este y el hijo de Sie­te Guacamayo les dijo que lo llevaran allí, alardeando de que la destruiría.
Durante el camino hacia la montaña, los Gemelos aba­tieron a unos pájaros con sus cerbatanas. Su habilidad como cazadores impresionó a Terremoto, así como su destreza para preparar las aves de caza. Antes de cocinarlas, las untaron con masilla de las rocas extraídas de la tierra. Sin embargo, de lo que no se percató Terremoto fue de que estaban empleando su magia: al cubrir con tierra las aves, estaban anticipando el pro­pio entierro de Terremoto tras su muerte.
Este se comió con gula las aves y continuaron su camino, pero, muy, pronto, el mons­truo perdió su fuerza: la co­bertura mágica de las aves había surtido efecto, y, al poco tiempo, cayó al suelo sin vida. Los Geme­los le ataron las muñecas y los to­billos, y lo enterraron. Y así el mundo se libro por fin del último de los monstruos.

0.010. anonimo (centroamerica)

La creacion del sol y la luna

Tras la destrucción del cuarto sol, los dioses acordaron que era necesario sacrificar a uno de entre ellos para crear uno nuevo. El vanidoso y apuesto Tecuciztécatl se ofreció voluntario, pero los dioses decidieron que debía competir con el humilde Nanahuatzin.

Mientras los dioses construían una pira expia­toria, Tecuciztécatl y Nanahuatzin hacían penitencia sobre dos montículos. Cuando el fuego se hizo abrasador, Tecuciztécatl corrió hacia las llamas, pero retrocedió cuatro veces por el in­soportable calor. Entonces, los dioses acudieron a Nanahua­tzin, quien, sin dudarlo, se arrojó a las llamas. Ani­mado por la enorme valentía de Nanahua­tzin, Tecuciztécatl co­rrió también hacia lapira. Los dioses espe­raron entonces la lle­gada de un nuevo Sol, pero en su lugar, Tecuciztécati emergió como la Luna, proyec­tando una luz cegadora. Para atenuar su resplandor, uno de los dioses le arrojó un conejo a la cara, que desde entonces se pue­de ver en el rostro de la luna llena.
Nanahuatzin ascendió a los cielos como el nuevo Sol, pero se negó a moverse hasta recibir la sangre y los corazones del resto de las deidades. Indignado ante su exigencia, el lu­cero del alba atacó al Sol con sus dardos y lanza; sin embar­go, fue derrotado y arrojado al mundo de los muertos. El dios del sol fue reconocido entonces como el dios supremo y, a par­tir de ese momento, los 1.600 dioses permitieron que los sacrificaran.

0.010. anonimo (centroamerica)

El nacimiento de la nueva era

Los aztecas creían que vivían en la era del quinto sol. Aunque no existe ninguna fuente que explique la forma en que se volvió a crear vida tras la destrucción del cuarto mundo anterior, son varios los mitos que describen las sucesivas etapas del proceso.

El cuarto sol fue destruido durante un cataclismo apocalíptico en el que las aguas subterráneas emer­gieron para anegar el mundo, al mismo tiempo que el cielo se derrumbaba sobre él. Todo quedó bajo las aguas y desapareció. Tras el cataclismo, reinó el caos hasta que los cuatro hijos del gran creador Ometeotl, los principales dioses del panteón mesoamericano, se trans­formaron en árboles para elevar el firmamento y despe­jar así un espacio en el que la creación pudiera co­menzar de nuevo.
Un mito cuenta cómo uno de los hijos de Ometeotl, Quetzalcóatl, la «serpiente con plumas», fue el responsable de conducir a los humanos al mundo recién creado. Para lograrlo, tuvo que viajar al infra­mundo en busca de todo cuanto habían dejado atrás los primeros humanos, sus predecesores del cuarto sol: algunos huesos que estaban en posesión del ladino y posesivo Mictlan­tecuhtli, el principal dios de la muerte mexicano con rostro de cráneo. Tras llevar a cabo su misión, Quetzalcóatl trasladó los trofeos a un lugar mítico llamado Tamoanchan, que signifi­ca «tierra del neblinoso cielo». Allí, los dioses compañeros de Quetzalcóatl decidieron coo-perar moliendo los huesos como si fuera maíz y humedeciendo la harina resultante con su pro­pia sangre. Más tarde, dieron forma a los seres humanos a par­tir de la pegajosa masa. En Tamoanchan, criaron a los niños humanos hasta que fueron lo bastante mayores como para ser enviados a la superficie de la Tierra.
Sin embargo, los aztecas creían que la era en la que vi­vían estaba predesti-nada a finalizar con un enorme terremoto. Tal hecho era inevitable, aunque se podía posponer si ofrecían a los dioses sacrificios humanos para complacerlos.

0.010. anonimo (centroamerica)

El impostor arrogante

Antes de que comenzara la presente era, un monstruoso pájaro conocido como Siete Guacamayo se erigió como soberano del sombrío mundo de la penumbra que quedó después de la riada universal. Este déspota presuntuoso debía ser destruido antes de que la raza humana pudiera cobrar vida.

La característica principal de Siete Guacamayo era su jactancia, por más que se tratara de una criatura es­pléndida, con un plumaje compuesto de metales pre­ciosos y unos dientes de brillantes zafiros de color azul. Sin embargo, tal fue su arrogancia al identificarse con el Sol y la Luna que acabó conllevando su caída, ya que tales afirmaciones desafiaban abiertamente la autoridad de los dioses fundadores.
En consecuencia, se envió a los Héroes Gemelos, Hunah­pu y Xbalanque, para derrotar a Siete Guacamayo, a quien tendieron una emboscada, aunque no salió del todo bien, pues Siete Guacamayo, que se había dislocado la mandíbula, lo que le provocaba un insoportable dolor de muelas, logró dislocar un brazo a Hunahpu y llevárselo con él.
Siete Guacamayo colocó entonces el brazo sobre la chi­menea y retó a los gemelos divinos a que fueran a recuperarlo. Éstos acudieron a la ayuda de dos venerables ancianos de cabe­llo cano y los cuatro idearon un plan en el que los ancianos se presentarían ante Siete Guacamayo disfrazados de dos chama­nes viajeros, especializados en odontología.
Tras caer en la trampa, Siete Guacamayo imploró a los ilustres visitantes que aliviaran su dolor de muelas.
-Muy bien -respondieron- Nuestro diagnóstico es que un gusano se está comiendo tu mandíbula.
Los ancianos te dijeron que, para expulsar al gusano, tendrían que extraerle las muelas y sustituirlas por otras falsas de «huesos pulverizados» de la mejor calidad. Los chamanes comenzaron a trabajar, y extrajeron las muelas al monstruo, realizadas con exqui-sitas piedras preciosas de color azul. Sin embargo, no las sustitu-yeron por huesos pulverizados, sino por granos de maíz blanco, y, más tarde, le extrajeron el metal precioso que rodeaba sus ojos.
La supuesta «cura» aplicada por los ancianos lo único que hizo fue privar a Siete Guacamayo de toda señal de presti­gio y, dado que su estatus se basaba completamente en la apa­riencia externa, quedó reducido a la nada una vez despojado de su oro y sus joyas. La victoria de los Héroes Gemelos fue com­pleta cuando los ancianos (que eran, en realidad, expertos doc­tores, si así lo deseaban) volvieron a colocar el brazo de Hunah­pu en su sitio y se lo dejaron como nuevo.

0.010. anonimo (centroamerica)

El desgarro del monstruo de la tierra

Dado que los aztecas eran el grupo dominante de Centroamérica cuando llegaron los españoles, la mayoría de lo que conocemos acerca de la mitología mesoamericana proviene de ellos. Sin embargo, tomaron prestados los dioses de las sucesivas civilizaciones que los precedieron mil años antes.

Parte del legado mitológico de los aztecas estaba constituido por una historia antigua que narraba como se crearon el mundo y el cielo a partir del cuerpo del monstruo de la Tierra, Tlaltecuhtli, un temido ogro hembra que devo­raba todo cuanto encontraba a su paso.
La afición de Tlaltecuhtli por la carne era tal que sus enormes fauces con dientess de sílex no eran suficientes para satisfacer sus bestiales apetitos, de modo que tenía bocas complementarias en los codos, las rodillas y en otras articulaciones, donde re­chinaban los ávidos dientes. Su aspecto era tan terrorífico que incluso el resto de los dioses se sentían sobrecogidos ante su presencia. Finalmente, Tezcatlipoca y Quetzal­cóatl, que pasaron de ser enemigos a formar una alianza a lo largo del ciclo mitológico azteca, decidieron librar al mundo de semejante monstruo para que el proceso de creación pudiera continuar.
Tras transformarse en serpientes gigantes, lucharon contra él y lograron por fin partir su enorme cuerpo en dos (de acuerdo con otra versión, Tezcatlipoca luchó con su apariencia real y perdió un pie durante la lucha). Luego arrojaron una de las mitades del cadáver al cielo, donde se transformó en la bóveda celeste.
Entre tanto, otros dioses, impresionados ante la violencia emplea-da contra Tlaltecuhtli a pesar de los estragos que éste había provoca-do, decidieron formar laTie­rra a partir de la otra mitad de su cuerpo: con el cabello crearon los árboles, las flores Y las hierbas; con los ojos dieron forma a los aljibes y a los manantiales; su boca sirvó para crear los ríos y las cavernas, y de su nariz emergieron las cadenas montañosas y los valles.
Y, de ese modo, la diosa cobró vida, y con ella gran parte de su antigua feroci­dad, pa que, en ocasiones, se la puede oír por las noches pidiendo a gritos corazones y sangre humanos, la única dieta que puede persuadirla para continuar creando.

0.010. anonimo (centroamerica)