Translate

Mostrando entradas con la etiqueta 0.009.4 anonimo (africa). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 0.009.4 anonimo (africa). Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de octubre de 2012

La venganza de la tortuga

De acuerdo con la mitología del pueblo fon, el poder de la adivinación no era un don que se limitara a los seres humanos. La tortuga era la adivina de la raza animal y, como tal, podía ser la mayor enemiga para cualquiera que no le prestara el debido respeto.

Mono y Tortuga no se apreciaban, al ser uno tan ágil y la otra tan lenta. Durante una hambruna. Mono encontró un campo de grano listo para cosechar, pero no estaba dispuesto a pedir ayuda a Tortuga. Sin embargo, cada vez que deseaba aproximarse al grano, era expulsado por el granjero. Por fin, dedujo que no podría tener éxito sin los poderes mági­cos de Tortuga, así que decidió acudir a la adivina.
En un primer momento, Tortuga se mostró reacia a ayudar, alegando que Mono saldría corriendo sin ofrecerle nada a cambio, y, cuando por mi accedió, sus temores demostraron estar bien fun­dados, ya que pasó hambre mientras el otro se atiborraba. En ese instante, llegó Leopardo, que buscaba deses-peradamen­te un remedio para poder sanar un ca­chorro enfermo.
Esta era la oportunidad que Tor­tuga necesitaba para vengarse. Cuando Leopardo describió con detalle los sínto­mas del cachorro, la sabia adivina le dijo que sólo había una cura para la enferme­dad en cuestión: la cabeza y la cola de un mono. Y, de inmediato, señaló a Mono, que se encontraba en un campo cercano.
Al final, Leopardo consiguió la cabeza y la cola que ne­cesitaba, y dejó el torso de Mono como alimento para la ham­brienta Tortuga. Y de esta manera, cuentan los fon, ésta se aseguró de recibir el alto precio que cobraba por prestar sus servicios.

0.009. anonimo (africa)

La trampa tendida a trikhinye

El pueblo soninke de Mali y Mauritania vivió un período de gran esplendor hace más de mil años, en tiempos del imperio de Ghana. En este relato se cuenta cómo su segundo soberano superó a su hermano mayor gracias a la astucia de un criado maltratado.

Ghana fue el mayor de los reinos preislámicos de África occidental. Alcanzo importancia durante el primer milenio d. C., gracias al co­mercio transahariano de oro y marfil, que intercambiaban por sal con los mercaderes árabes y bereberes del norte. Según cuenta la leyenda, su fundador fue un guerrero llamado Dinga, que unió a las tribus soninke bajo su mandato.
Con el tiempo, Dinga se hizo mayor y, en condiciones normales, su primogéni­to Trikhinye habría heredado el trono tras su muerte. Sin embargo, según parece, lo engañaron de un modo que recuerda el que utilizo Jacob contra su hermano Esaú en el célebre episodio bíblico.
De acuerdo con la versión soninke, la conspiración fue urdida por un esclavo de avanzada edad llamado Sitoure, que había servido a Dinga lealmente durante nu­merosos años. Sin embargo, a pesar de su enorme lealtad, sólo había recibido malos tratos por parte de Trikhinye, mientras que su segundo hijo. Djabe Sisse, siempre lo había tratado con amabilidad. Así que cuando el soberano, ya mori-bundo, pidió que se presentara su hijo mayor ante él para darle su bendición, Sitoure decidió presentarle en su lugar a Djabe Sisse. Sin embargo, había un problema: el hijo más joven tenía una piel muy suave, mientras que la del primogénito era áspera y peluda.
Sitoure acudió a Djabe Sisse para explicarle la situación y lo con-venció de que tomara prestadas las joyas de su hermano, en concreto, un brazalete y un anillo que Dinga palpaba siempre para reconocer a su primogénito. Luego enrolló un pedazo de piel de cabra alrededor del brazo del joven antes de que se presentara ante su padre.
Casi a ciegas, el anciano tocó el brazo de su hijo para asegurarse de que se trata­ba de Trikhinye. Y de esa manera pasó el trono a Djabe Sisse y no a su primogénito, a quien le correspondía por derecho.

0.009. anonimo (africa)

La salida y la puesta del sol

En este relato del pueblo mongo-nkundo, de la cuenca del Congo, un gavilán es enviado al gran dios Yemekonji, que mora en las alturas celestiales, para encontrar la posición del Sol, predestinada de forma divina. Por suerte, a la valiente ave se le adelanta una humilde mosca.

La mosca se ofreció voluntaria para acompañar al gavilán en su misión, y propuso ir delante para escuchar a escondidas en el cielo, por si los consejeros de Yemekonji estaban preparando alguna sorpresa. El insecto urdió un plan para ocultar al Sol en uno de tres paquetes. Los dos más coloridos se rellenarían con hojas y tierra respectivamente, mientras que el tercero, con una envoltura sencilla, albergaría al Sol. Luego informó de su plan al ave. Cuando el gavilán llegó a Yemenkonji, el gran dios se quejó de que antes habían acudido dos delegados de la Tierra en busca del Sol El primero había elegido la estrella de Venus, mientras que el segundo había optado por la Luna. Yemekonji le preguntó al gavilán si ocultaba a un espía y la rapaz insistió en que iba solo. Yemekonji no sospechó en ningún momento de la presencia de la mosca.
Entonces, al gavilán se le ofreció elegir entre los tres paquetes y optó por el sencillo, que es el que conte­nía el Sol. Yemekonji se sintió muy complacido y en­señó a la rapaz a mover con facilidad el Sol dentro de su órbita en el reino de las nubes mecidas por el vien­to. Le dijo también que, a partir de ese momento, el Sol desaparecería, pero que reaparecería siguiendo un ciclo regular.
El gavilán siguió las instrucciones del dios al pie de la letra y, al llegar a la Tierra, explicó que Yemekonji ha­bía marcado los movimientos del Sol de modo que se pusiera después de doce horas, más tarde. Desde entonces, ha seguido siempre ese ciclo divino.

0.009. anonimo (africa)

La mision imposible de walukaga

Una vez, un rey del pueblo baganda, que vivió en lo que en la actualidad es Uganda, puso a prueba la habilidad de su herrero Walukaga, pidiéndole que fuera más allá de los límites de su oficio. El tema del soberano que impone a uno de sus súbditos una tarea imposible es recurrente en numerosas culturas.

El rey deseaba ofrecer algo fuera de lo común que hiciera que todos los hombres respetaran su territorio, por lo que convocó a su herrero Waluka­ga y le ordenó que creara un hombre de carne y hueso a partir de hierro. Era bien sabido por todos que el monarca se sentiría furioso si lo contraria­ban, por lo que el herrero no puso ninguna objeción. Pero sabía que se encontraba en una posición nada envidiable: la tarea lo superaba, peno el rey se enfadaría si no la llevaba a cabo.
Cuando pidió consejo a sus amigos, ninguno pudo ayudarle, con la excepción de uno, un hombre con el que había mantenido una estrecha amistad, pero que luego fue considerado un demente. Este amigo sugirió que Walukaga aceptara el reto, pero sólo si se cumplían determinadas condiciones previas: el rey, debía ordenar a sus súbdi­tos que se afeitaran la cabeza y quemaran su cabello para producir mil remesas de car­bón vegetal con el que prender fuego al horno; además, debía tamhién ordenarles que recogieran sus lagrimas hasta lograr cien recipientes de agua que verter en el fuego y evitar así el sobrecalentamiento de la forja.
Walukaga expuso sus condiciones y el rey dio a conocer sus órdenes. Sin em­bargo, los miembros de la tribu no pudieron llevar a cabo las órdenes del monarca, ya que el cabello quemado de todos los súbditos sólo proporcionó una única remesa de carbón, y sus lágrimas sólo lograron llenar dos recipientes. Entonces, el rey convocó a Walukaga y le anunció que quedaba liberado de su onerosa tarea, dado que no había logrado el carbón ni el agua exigidos. Walukaga dio las gracias al monarca y dijo que le había exigido unas condiciones previas imposibles porque él mismo le había pedido llevar a cabo una tarea igual de imposible. El rey explotó, pero no de enfado, sino de risa, y la sabiduría de Walukaga fue elogiada a lo largo y ancho del mundo.

0.009. anonimo (africa)

La facil vida de un perro

Un relato de Angola explicaba cómo los perros se convirtieron en animales domésticos, mientras que los chacales continuaron siendo salvajes. Según dicha leyenda, fueron los perros los que tomaron la iniciativa tras caer en la cuenta de las ventajas que obtendrían de su asociación con los seres humanos.

La ciencia moderna considera que la domesticación de los perros bien pudo deberse a la iniciativa de es­tos últimos: en tiempos de los cazadores recolecto­res, los lobos que más se aproximaban a los campa­mentos pudieron beneficiarse de las sobras, lo que a la larga les permitió superar a sus congéneres más salvajes. Cuanto mas dóciles se volvían, mayores eran las ventajas que veían los humanos de la cohabitación, ya que los animales domesti­cados servían como guardianes del campamento y compañe­ros de caza.
Una historia angoleña se centra en los diferences desti­nos de los perros y los chacales, y cuenta cómo Chacal y Perro vivían originariamente como una gran familia en el monte. Al pasar junto a las aldeas del pueblo mhundu, olfatearon los sa­brosos aromas de la carne cocinada y vieron a un grupo de hombres y mujeres sentados alrededor de la hoguera. Chacal quería fuego para, de ese modo, poder cocinar ellos también la carne que comían, por lo que envió a Perro a la aldea en su busca.
Cuando llego al poblado, fue corriendo a una cabaña en la que Una mujer rascaba los restos de comida de una cazue­la. Se los ofreció a Perro y su sabor le gustó, y entonces se dio cuenta de que la vida en la aldea, tan rebosante de alimentos, era mejor que deambular por el monte con Chacal, pues la mayoría de los días tenían hambre. Así que decidió quedarse.
Mientras, Chacal comenzó a dar alaridos en el monte, como con-tinúa haciendo hoy en día, lamentándose de que Pe­rro lo abandonara para establecerse con los aldeanos. Chacal nunca logro el fuego y ahora le asusta. Deambula, cazando y escarbando, y debe comer la carne cruda.

0.009. anonimo (africa)

La cresta y la piel

Las fábulas con animales eran muy populares en África. Los relatos podían ser cómicos o solemnes, pero la vida que retrataban carecía por lo general de sentimientos. Una historia de los lega, un pueblo del Congo, plantea los límites de la amistad.

Un lagarto y una gallina de Guinea vivían en una aldea en la que el poder era asumido por turnos. Cuando le llegó el turno al lagarto, éste hizo todo lo posible para garantizar que su investidu­ra tuviera el esplendor que le correspondía. Y así, se hizo con un tambor ceremonial, un atuendo magnífico, una piel sobre la que poder tomar asiento y gran cantidad de cerveza para los curiosos.
Deseoso de tener un penacho para su tocado, hablo con su amiga la gallina de Guinea. Ésta le presentó plumas de todos los tamaños y formas, pero no le bastaba ninguna, ya que el lagarto anhelaba la espléndida cresta de la propia gallina. Al final, se la cortó a regañadientes y, desde entonces, quedó tras­quilada.
Terminó el plazo del lagarto y le llegó entonces el tur­no a la gallina de Guinea, quien deseó también que la cere­monia fuera grandiosa, y reunió los tambores necesarios, bebida y sus mejores galas. Pero, una vez más, le faltaba algo, una piel, en concreto la de un lagarto, y quid pro quo, insistió en que sólo se conformaría con la del propio lagarto. La opi­nión pública se puso de parte de la gallina, por lo que al final el reptil tuvo que aceptar ser des­pellejado, con lo que ello conllevaba. Un prover­bio lega explica la mora­leja: no pidas a un amigo más de lo que te pueda ofrecer.

0.009. anonimo (africa)

Eshu

Eshu era un personaje muy importante para el pueblo yoruba de Nigeria y Benín, pues era un intermediario divino que protegía también a los viajeros. Sin embargo, las historias en las que aparece lo muestran, por lo general, como un malicioso embaucador a quien le encanta hacer travesuras sin más.

Una historia cuenta cómo Eshu había sido escla­vo de Orishá, el espíritu divino. Al sentirse hu­millado se rebeló, ascendió por un acantilado situado detrás de la morada de su amo y lan­zó una enorme piedra desde lo alto para aplastarla, Pero el dios, debido a su condición divina, no murió, sino que, por el contrario, se esparció por el aire, motivo por el que, a partir de entonces, han existido tantas divinidades u «orishás».
Un relato más popular narraba cómo el alborotador di­vino decidió una vez crear discordia entre dos vecinos que ha­bían sido amigos desde la infancia. Con esa intención se dirigió al sendero que dividía los campos de ambos hombres, ataviado con un sombrero rojo por un lado y blanco por el otro. Para crear una confusión aún mayor, llevó consigo una caña de ma­nera que pareciera salir de la nuca. Los granjeros estaban aga­chados trabajando cuando pasó, pero cuando se levantaron para descansar, uno de ellos hizo un comentario acerca del ex­traño aspecto de la persona que pasaba por allí. Muy pronto, ambos empezaron a discutir acaloradamente acerca del color del sombrero del extraño y de la dirección que había seguido. Después de un tiempo, se cansaron de hablar y pasaron a las manos, hasta que al final fueron conducidos ante el rey.
Eshu llego justo cuando los dos hombres explicaban sus versiones y, a su debido tiempo, confesó que había provocado la riña de forma deliberada. El monarca ordenó su arresto, pero el embaucador huyó corriendo y no pudieron atraparlo. A toda velocidad, recorrió el pueblo sembrando el pánico, in­cendiando todas las construcciones que encontraba a su paso. Cuando los habitantes salieron corriendo de sus casas inten­tando salvar sus pertenencias, Eshu se ofreció a cuidar de los fardos. Pero entonces hizo un fardo con los paquetes que le iban arrojando e inició una nueva disputa. Satisfecho, Eshu se marchó riendo.

0.009. anonimo (africa)

El poder de la lluvia

En este relato fon, el ciclo de las lluvias fuente de vida se ve afectado por una poderosa lucha entre el dios de la tierra, Sagbata, y su hermana andrógina, el dios de los truenos, Hevioso.

De acuerdo con un relato, Sagbata había sido vendido como es­clavo, pero escapo y regresó a su hogar, donde descubrió que Hevioso se había convertido en el líder de la tribu. Los herma­nos mantuvieron una refriega y, tras arrebatarle el poder a He­vioso, Sagbata lo expulsó al cielo.
Entonces ordenó a su pueblo que cultivara grandes cosechas de trigo, pero Hevioso, que observaba desde el cielo, decidió retener las lluvias, de modo que, cuan­do llego la estación húmeda y no cayó agua, se extendió la hambruna.
Sagbata convocó a todos los habitantes y animales del reino, quienes ob­servaron atentos al líder mientras creaba una escalera entre la tierra y el cielo con hebras de algodón. Luego pidió a varios voluntarios que trepa­ran por ella para visitar a Hevioso y suplicarle que volvieran las lluvias. El águila fue la primera en ir: pero a mitad de camino fue derribada por el temible dios de los truenos. El siguiente en intentarlo fue el gato, pero no corrió mejor suerte. Por último, le llegó el turno al lento pero seguro camaleón, quien trepó con tal lentitud que Hevioso se aburrió y se marcho para dedicarse a otros asuntos. De vez en cuan­do, regresaba para arrojar un trueno a la pobre criatura, pero el cama­león se ocultaba tras la hebra a la que se encontraba aterrado. Por fin, llegó a la morada del dios y le transmitió el deseo de Sagbata de que volvie­ran las lluvias. Hevioso, al comprobar que su hermano aceptaba su autoridad en el cielo, cedió a sus súplicas. La lluvia cayó y el grano creció muy alto. Cuentan algunos que Saghata turo que someterse por completo a Hevioso porque el dios de los truenos reinaba sobre dos elementos esenciales para la vida en la Tierra: el agua de la lluvia y el fuego de la iluminación celestial.

0.009. anonimo (africa)

El don del rey del rio

Para muchos pueblos primitivos, las fuerzas sobrenaturales se encontraban presentes por doquier: en las montañas, los ríos... Una historia de Lesotho muestra cómo estos espíritus locales podían recompensar un buen comportamiento y castigar a aquellos que se negaban a cumplir con sus obligaciones.

Selekana era una hermosa joven, cuya belleza era tan admirada por todos los chicos como odiada por el resto de las chicas de la aldea. Al final, la envidia que éstas sentían era tal que se hizo insoportable, por lo que decidieron librarse de Selekana arrojándola a un río cercano.
Pero, en contra de todo pronostico, la joven no se aho­gó, sino que fue atrapada por el dios del río, quien había adop­tado la apariencia de un feroz cocodrilo. Tras llevársela a su reino, en el mismo lecho del río, un lugar mágico en el que podía vivir y respirar con la misma facilidad con que lo hacía en el mundo de los humanos, el dios decidió que trabajara como esclava para su consorte, la Mujer Río.
Selekana demostró ser tan paciente y trabajadora como hermosa, y llevaba a cabo sus numerosas tareas sin quejarse. Su tolerancia impresionó tanto a la Mujer Río que, al final, de­cidió dejarla regresar al mundo de los humanos, no sin antes entregarle como obsequio unas piedras preciosas del lecho del río a modo de regalo de despedida.
Las enemigas de la joven quedaron estupefactas al verla reaparecer en la aldea, y al ver los valiosos tesoros que había traído consigo, los celos continuaron consumiéndolas. Su ma­yor enemiga era la hija del jefe y era tal la envidia que sentía por la riqueza de su rival que decidió arrojarse ella misma al río con la esperanza de obtener joyas aún más hermosas.
Sin embargo, si Selekana se había mostrado paciente y diligente, la recién llegada era altiva y no tenía deseos de coope­rar. Así, cuando el rey del río le ordenó que sirviera a su esposa, se negó categóricamente, por lo que el cocodrilo gigante se la tragó, impartiendo la justicia que los cuentos populares reser­van a las personas arrogantes y avariciosas.

0.009. anonimo (africa)

El cuenco de caldo parlante

El temor ante el poder de la brujería tenía una enorme fuerza en numerosas sociedades africanas. Se pensaba que las brujas utilizaban veneno tanto para matar a sus víctimas como para robar sus almas. En este relato hausa, el veneno habla para frustrar las inten-ciones de quien lo ha preparado.

La creencia en la hechicería era muy común en las so­ciedades africanas tradicionales, al igual que lo fue en Europa y Estados Unidos durante los siglos XVI y XVII. En todos los casos, la explicación era la misma: la convicción de que las desgracias eran de alguna forma conse­cuencia de la malicia de vecinos impopulares y recelosos. Al igual que en la tradición occidental, se pensaba que las brujas eran mujeres.
Una diferencia, no obstante, es el énfasis que las socieda­des africanas tradicionales ponían sobre la brujería como cau­sa de una enfermedad física. Casos que en Europa se habrían re­mitido a los doctores para que aplicaran un tratamiento específi­co a menudo se dejaban en manos de curanderos en las tierras subsaharianas. Estos individuos eran, por lo general, miembros poderosos e influyentes de la comunidad, que debían su presti­gio, en parte, al temor provocado por un sinfín de historias, como ésta de los hausa, del norte de Nigeria.
Según se cuenta, había una malvada bruja que tenía nueve bocas repartidas por su cuerpo, todas ellas invisibles para la gente corrien-te, y un insaciable apetito de maldad la llevó a intentar asesinar a su propio marido y a su suegro. Con per­versas intenciones, reunió ciertas hierbas venenosas y las hirvió para preparar un caldo, pero cuando los dos hombres se dispu­sieron a comer de sus cuenco, una voz les, advirtió:
-Tapadme o moriréis.
Cuando ocurrió lo mismo una segunda vez, el esposo sos­pechó que se trataba de brujería. Levantó el cuenco y, al vaciarlo por encima de la cabeza de su esposa repente se hicieron visi­bles sus nueve bocas, con lo que quedó al descubierto su condi­ción de bruja. Huyó de la aldea y nadie nunca mas vovió a verla.

0.009. anonimo (africa)

El color de los animales

De acuerdo con los bosquimanos san, la mantis sagrada llevó la miel a las distintas especies de antílopes, que adquirieron el color de la miel que se les ofreció. Los insectos proporcionaron el tono amarillo que es característico del arco superior del arco iris.

Los bosquimanos son del de­sierto de Kalahari cuentan con varias historias acerca del comienzo de las cosas, que muchas veces se atribuye a la man­tis religiosa. Al principio de los tiem­pos, ésta contrajo matrimonio con el hirax, un mamífero de escaso tamaño. Su hija fue un puerco es­pín hembra, que se convirtió en la esposa de Kwammang-a, el ancestro primigenio de los san.
Más tarde, la mantis utili­zó una sandalia que había desechado Kwammang-a para dar forma al pri­mer órix, a quien alimentó con miel, que servía también como refrescante bálsamo. Cuando lo visitaba por la no­che, mezclaba miel y agua y utilizaba el brebaje para tro­tar los enormes lomos de la bestia, cuyo color beige oscuro se debe a que la mantis te proporcionó la oscura miel de las avispas.
A las gacelas les llevó una miel líquida de color inten­so, de ahí su color blanco, mientras que el ñu se alimentó del panal rojizo de abejas jóvenes (aunque los ñúes de África cen­tral y occidental son de color marrón, los del sur del con­tinente son de color rojo).
La miel pardusca fue también la responsable de la piel oscura del ahora extinguido quagga, una sub­especie de la cebra. Los springbok, por lo general, tienen un color bei­ge-rojizo porque, al igual que el ñu, se alimentaron de la miel de abe­jas jóvenes.
Sin embargo, de acuerdo con los san, el amarillo aparece en el arco superior al rojo del arco iris porque la mantis amarilla se posó por encima del marrón rojizo de su ancestro Kwammang-a. En este ejemplo, a la mantis se le atribuye un color amarillo, aunque la mayoría de los insectos son, en realidad, verdes o marrones para camuflarse en la vegetación mientras esperan a sus potenciales víctimas sin ser vistos. No obstante, existe una especie exótica de mantis africana con marcas amarillo verdoso en las alas que se asemejan a unos ojos al extenderse. Al arco iris se le denominaba en ocasiones Kwammang-a.

0.009. anonimo (africa)

Cuentos de otros mundos

Numerosos pueblos africanos cuentan con historias acerca del viaje de un mortal a los dominios de la muerte. Para algunas culturas, como la ashanti de Ghana, el mundo de los espíritus existe junto al cotidiano; para los wacaga del sur de África, los espíritus moran en el mundo de los muertos.

El joven ashanti Kwasi Benefo había perdido a cuatro esposas en muy poco tiempo. En cada ocasión, el dolor lo dejaba anonadado, pero siempre pre­paraba diligentemente a sus difuntas esposas para el entierro, con abalorios y un amoasie, taparrabos, de seda vegetal.
Un día decidió que deseaba seguirlas hasta el Asamando, la tierra de la muerte. Tras partir desde el lugar del entierro, llegó a un pro-fundo río, donde vio a una anciana con un recipiente de latón repleto de taparrabos de seda. Al principio, la mujer no quería que Kwasi cruzara el río, pero sintió lástima de él y construyó un vado. El joven caminó sobre él y llegó a una aldea, en la que oyó cómo sus esposas le daban la bience­nida y sintió como le lavaban los pies, pero no podía verlas, dado que eran tan invisibles como el aire. Le dijeron que regresara a su hogar y se casara una vez más, y que, cuando le llegara la hora de morir, lo estarían esperando. Kwasi despertó cerca de su aldea. Se casó una quinta vez vivó hasta alcanzar la edad madura.
En un cuento wacaga, una chica llamada Marwe entra en el reino de la muerte a través de un orificio situado en el fondo de un estanque, donde había trabajado para una anciana. Con el paso del tiempo, la chica le dijo que deseaba volver a casa, y enton­ces la anciana le ordenó que sumergiera las manos en un recipiente: cuando lo hizo, los brazos se le cubrieron de preciados brazaletes. Repitió la misma operación con las piernas, y hermosas cadenas de cobre adornaron sus tobillos. Más tarde, la anciana vistió a Marwe con una enagua bordada con abalorios y le dijo que su esposo sería un joven llamado Sawoye. Entonces condujo a Marwe de vuelta al estanque y la dejó allí. Los habitantes del lugar fueron a ver a la vecina recién llegada y el jefe le pidió que se convirtiera en su prometida, algo a lo que ella se negó. Más tarde, llegó un joven lla­mado Sawoye, cuyo rostro estaba atacado por una enfermedad cutánea y, para asom­bro de todos, la joven anunció que él sería su esposo.

0.009. anonimo (africa)